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Así impidió don Juan Carlos que Elena fuera designada sucesora al trono: "No está en condiciones de reinar"

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Dice la periodista Pilar Eyre que el rey Juan Carlos le pidió a Adolfo Suárez que al redactar la Constitución incluyeran la "inviolabilidad" del jefe del Estado y que apartaran a la infanta Elena, su primogénita, de la sucesión al trono: "Mi hija mayor no esta? en condiciones de reinar", le dijo al entonces presidente del Gobierno.

"Solo os voy a pedir dos cosas para esa Constitución que vais a redactar. La primera ya sabes cuál es: "No me digas más, in-vio-la-bi-li-dad", porque, según la escritora catalana, "el presidente del Gobierno tuteaba al Rey desde sus tiempos de director en televisión y conocía sus debilidades económicas".

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La segunda petición del Monarca fue la que ha hecho pasados los años que Froilán no sea heredero al trono: "Quiero que apartes a la infanta Elena de la sucesión. Mi hija mayor no está en condiciones de reinar", le dijo al primer presidente del Gobierno de la Democracia.

Adolfo hizo un amago de protesta, según relata Eyre: "Pero eso es ir en contra de los nuevos tiempos", argumentando (ya en 1977) que anteponer el varón, siendo el tercero de sus hijos, no era lo lógico. Ante el reproche de Suárez, "el Rey se sulfuró apuntándolo con el índice en uno de sus célebres ataques de cólera: '¡Una mierda para los nuevos tiempos! ¡Elena no puede reinar y punto en boca! ¡No tengo que dar más explicaciones!", sentenció el Borbón.

La pobre Elena quedaba, el patito feo de la familia, quedaba para la posteridad como la torpe, la que siempre iba atrasada en el colegio, a la que tenían que poner profesores particulares hasta que al final la llevaron a un centro menos exigente, la que en un momento dado de su adolescencia tuvo que acudir a una psicóloga argentina y a la que acompañaba el secretario de la Casa, Sabino Fernández Campo, porque nadie se ocupaba mucho de ella.

Recuerda Pilar Eyre que Elena heredaba los trajes de su madre casi sin retoques y que presentaba un aspecto "tan ñoño" que el propio padre le comentaba con preocupación a doña Sofía: "Oye, ¿por qué? no la vistes de otra manera? ¡No la vamos a casar nunca!".

Pero al final se casó, y su boda en Sevilla estuvo llena de momentos incómodos: "Como cuando tropezaba con el velo y trastabillaba mientras el padre juraba en arameo porque se había roto el brazo esquiando en Candanchú y cada movimiento brusco de la infanta le causaba un dolor horroroso", dice Eyre en su blog de Lecturas.

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