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Donald Trump: la curiosa historia de años de mentiras sobre su verdadero estado de salud

Una versión sobre el estado de Donald Trump decía este sábado que el presidente se encontraba "mucho mejor" y "evoluciona favorablemente". Pero también escuchamos al portavoz del presidente decir que "no está fuera de peligro" y que "las próximas 48 horas son críticas". Esta controversia ha obligado al mandatario a presentarse en vídeo para dar fe de su estado, al menos en apariencia. Pero la historia de las mentiras sobre sus datos médicos no es de ahora. 

El viernes por la mañana, el ex médico de la Casa Blanca, Ronny Jackson, dijo en Fox News que el marido de Melania Trump no mostraba ningún síntoma de coronavirus. Pero después, otro funcionario del gabinete presidencial confirmaba que Trump tenía síntomas y, por la tarde, fue trasladado al hospital militar Walter Reed.

Después de años de mentiras de Trump y algunos de sus asesores, no es fácil confiar en los datos y declaraciones oficiales sobre la salud del presidente, lo cual no solo ha generado tensión institucional sino que podría desembocar en una crisis ante los interrogantes que supone la enfermedad del hombre más poderoso de la Tierra a un mes de las elecciones. De ahí que Trump no haya tenido más remedio que dejarse ver en un vídeo tras las distintas versiones sobre su estado.

Hace algo más de cuatro años, cuando Trump era candidato republicano frente a Hillary Clinton y rozaba los 70 años, Harold Bornstein, gastroenterólogo y por entonces médico personal del ahora presidente, afirmaba que era  "la persona más saludable que haya sido elegida para la presidencia". Era diciembre de 2015. "La fuerza física y la resistencia de Trump son extraordinarias", y "sus análisis de sangre son asombrosamente excelentes", dijo. Tres años después, Bornstein confesó que Trump le había dictado la nota él mismo. La credibilidad de Bornstein (arriba) venía tocada ya por su aspecto: melena canosa larga, barba gris y estrafalarias formas. Digamos que esa apariencia no era ideal para un supuesto científico fiable y riguroso. Después, en febrero de 2017, contó que el guardaespaldas de toda la vida de Trump, Keith Schiller, había llevado a cabo una "redada" en su consulta, recogiendo las historias médicas e informes de laboratorio de Trump que tenía en sus archivos.

En 2018, Donald Trump pesó 108 kilos durante su examen médico anual, que se ha público, es decir, se quedó apenas a un kilo de lo que se considera obesidad, teniendo en cuenta que mide 1.90 metros, según el mismo informe. Curiosamente, el presidente aparentemente había crecido desde 2012, cuando su carnet de conducir decía que medía dos o tres centímetros menos. Con aquel peso, si no hubiera aumentado su altura anterior, Trump, habría sido clasificado como médicamente obeso.

Muchos en ese momento se apresuraron a difundir fotos de Trump de pie junto al novio de Jennifer LopezAlex Rodríguez, ex estrella del béisbol, de los Yankees de Nueva York, que mide justo 1.90. En las imágenes, Rodríguez es claramente más alto que Trump. Del mismo modo, las fotos de Trump de pie junto a Barack Obama (1,85) en 2017 parecían mostrar que la pareja tenía la misma altura.

"No hace ejercicio, tiene una larga historia de comer McDonald's y beber Cocacola Zero, y es casi obeso. Sin embargo, la salud de Donald Trump es excelente", decía hace solo dos años el entonces médico presidencial (de la Marina) Ronny Jackson, para añadir que "su mente es aguda" y solo necesita cuatro o cinco horas de sueño por noche". Preguntado por cómo puede ser, el galeno fue así de convincente: "Algunas personas tienen genes geniales", dijo Jackson, a los periodistas en la Casa Blanca.

"Si hubiera tenido una dieta más saludable durante los últimos 20 años, podría vivir hasta los 200 años, pro yo diría que la respuesta a su pregunta es que tiene genes increíblemente buenos y así es como Dios le hizo". Jackson, un ex contralmirante de la Marina que renunció a su puesto en la Casa Blanca en 2018, se postula en las elecciones del mes que viene para congresista en la Cámara de Representantes, y ha sido respaldado por Trump, con gran entusiasmo, por cierto.

La credibilidad de los "certificados médicos" relativos a Trump no ha existido desde que es presidente, no solo ahora. Pero estos días, cuando se cruzaron mensajes contradictorios sobre los síntomas del Covid-19 del mandatario, la falta de transparencia se asemeja más a Corea del Norte que a una de las democracias más consolidadas de la Tierra. 

Nadie comprende esta confusión respecto al estado de salud de Trump tras ser ingresado por coronavirus. Los médicos dicen que evoluciona "muy bien" pero fuentes de la Casa Blanca afirman que su estado es "muy preocupante". El doctor Sean Conley, en rueda de prensa, insiste en que su estado evoluciona "muy bien" tras ser ingresado en un hospital militar.

Sin embargo, Mark Meadows, jefe de Gabinete de la Casa Blanca, ha explicado en un corrillo tras la rueda de prensa de los médicos a los periodistas que el estado de Trump es "muy preocupante" y que "las próximas 48 horas serán críticas", ha advertido. "Los signos vitales de las últimas 24 horas han sido muy preocupantes y las próximas 48 horas serán críticas para su estado. Aún no estamos en el camino para una recuperación plena", ha explicado. Meadows, que pidió que sus palabras se mantuvieran off the record, contradice el informe del equipo médico que trata a Trump, que había comparecido apenas minutos antes para asegurar que el mandatario evoluciona favorablemente. Por esa razón, horas después, en declaraciones a Reuters, el propio Meadows ha asegurado que el estado de salud de Trump "es muy bueno" y a contado que el presidente "está levantado y pidiendo documentos para revisarlos. Los médicos están encantados con sus constantes vitales. Lo he visto varias veces hoy por varios asuntos", ha señalado. El doctor Sean Conley, médico de la Casa Blanca, sostiene que el presidente estadounidense sólo ha tenido fiebre baja, tos y, sobre todo, "se siente agotado". Conley ha negado que Trump haya necesitado oxígeno, aunque  Associated Press asegura que sí se le suministró este viernes antes de ser trasladado al hospital. Preguntado cuándo fue su último test que dio negativo, el doctor ha asegurado que fue el jueves por la noche cuando se confirmó, algo que haría imposible que hubieran pasado 72 horas, como se deslizó en un principio, a no ser que Trump estuviera contagiado desde antes. La Casa Blanca no ha tenido más remedio que emitir un comunicado en el que el propio Conley afirma que se equivocóal decir lo de las setenta y dos horas. Trump dice que se encuentra bien y dan las gracias al equipo médico por su trabajo.

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