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Las fotos de la boda de Beatriz de York y Edoardo Mapelli: distancia social con los abuelos y Andrés escondido


Las fotografías oficiales que se han distribuido de la boda de Beatriz de York y Edoardo Mapelli muestran la felicidad de los contrayentes y de sus abuelos, la reina Isabel y Felipe de Edimburgo, que guardan la distancia social que el coronavirus impone también en el Reino Unido. Pero también es importante la ausencia en las imágenes del padre de la novia, el príncipe Andréssalpicado por el entramado sexual del pedófilo Jeffrey Epstein.

Beatriz de York y Edoardo Mapelli se daban el 'sí, quiero' este viernes en la Capilla Real de Todos los Santos, en el castillo de Windsor y se convertían así en marido y mujer. Pero lo hicieron por sorpresa, sin previo aviso, sin apenas invitados ilustres.

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La nieta de la reina de Inglaterra se casó en la más estricta intimidad y respetando las medidas de higiene impuestas por la crisis sanitaria del coronavirus, que les obligó a posponer su enlace, previsto en un principio para el 29 de mayo. Al menos no han faltado las fotos oficiales del enlace, en las que además de a los recién casados podemos ver a Isabel II y su marido. Los ancianos bendijeron con su presencia la ceremonia junto a los padres y hermanos de los novios y el hijo de Edo, Christopher Woolfie, padrino en la boda real con poco más de tres años, en lugar del denostado padre de la novia. No obstante, la princesa Beatriz llegó al altar acompañada por su padre.

Podemos ver a Beatriz y Edoardo Mapelli a la salida de la Capilla Real de Todos los Santos, en el Royal Lodge, el Gran Parque del Castillo de Windsor. El novio luce un clásico traje de mañana. La princesa ha escogido este modelo prestado por su abuela, la reina, de estilo vintage, y fue creado por el que fuera modisto real, Norman Hartnell.

Se trata de una maravilla en seda de tafetán en tono marfil, con mangas de organza y un corpiño geométrico con brillantes engarzados. Está adaptado para la novia por Angela Kelly y Stewart Parvin. El conjunto va coronado por una tiara de diamantes que Isabel II llevó en su boda con Felipe Mountbatten el 20 de noviembre de 1947.

La joya tiene aún más historia ya que, como recoge la prensa británica, procedía en origen de un collar de diamantes que la reina Victoria llevó en su boda con el el príncipe Albert (el 10 de febrero de 1840 en la capilla real del palacio de St. James, en Londres) pero que fue transformado en tiara en 1919 por Garrard and Co. 

La Reina, que no podía faltar al acontecimiento, iba vestida de azul celeste. La Soberana y el duque de Edimburgo, que cumplió 99 años el pasado 10 de junio, cinco más que su esposa, miran a la nieta y su marido como si se les cayera la baba, lo cual demuestra que el enlace ha estado cargado de emotividad.

El servicio ha sido oficiado por el reverendo Paul Wright, subdecano de la Capilla Real, y el reverendo Marin Poll, capellán de la Reina, según informa Buckingham Palace en una nota.  Se han leído los poemas favoritos de los novios por parte de sus respectivas madres: Soneto 116, de William Shakespeare, y I carry you in my heart, de E.E. Cummings. De acuerdo con las recomendaciones de las autoridades, no ha habido música en directo en la boda, pero sí se ha reproducido una lista  una selección de canciones y, por supuesto, el God Save The Queen.

La hija del duque de York y su pareja se juraban amor eterno y se intercambiaban los anillos, que por cierto no son iguales entre sí. El de Beatriz está diseñado por Shaun Lane, mientras que el anillo de Edoardo Mapelli es una pieza antigua transformada en una banda de oro diseñada por Josh Collins.

El ramo de la princesa, en tonos pastel, se preparó con jazmines y rosas, aunque, de acuerdo con la tradición real, se incluyeron también ramitas de mirto. Es una tradición que data desde el siglo XIX, y que de algún modo obliga a todas las novias de la realeza británica a llevar en su bouquet de bodas esta flor. Desde 1840, las mujeres que se casan en la familia Windsor Hannover) llevan esta flor el día de su boda como lo hizo la Reina Victoria. Tienen que ser mirtos cortados del arbusto que Victoria plantó en 1845 en Osborne House. Esta tradición comenzó en 1858 con la boda de la Princesa Victoria, hija mayor de la Soberana, y desde entonces, todas lo han hecho, incluyendo Meghan Markle y Kate Middleton y Diana de Gales. En la Grecia clásica, el mirto estaba ligada con Venus y simboliza la fidelidad en el matrimonio. Para los cristianos es símbolo de la pureza. El ramo fue despositado después de la boda sobre la tumba al soldado desconocido en la Abadía de Westminster.







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