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La batalla soterrada entre Ana Soria y Paloma Cuevas no se libra en un ring pero existe

No hay una pelea en el barro entre la jovencísima y bellísima Ana Soria y la elegantísima víctima de todo el culebrón, la pobre Paloma Cuevasporque sobre la mesa son dos mujeres discretas. De la boca de la madre de las hijas de Enrique Ponce no sale, ni en público ni en privado, una palabra fea contra el torero.

Al contrario, Paloma repite, como un mantra piadoso, que ese matador que fue su hombre durante cuatro décadas y media es un "padre ejemplar", "una buena persona", y luego remata que ella "nunca" dirá una palabra fea contra Ponce. Pero es que Paloma tampoco dice, a nadie, ni una mala palabra contra Ana Soria, la mujer que le ha robado el corazón al diestro valenciano con esa sonrisa que es un arma de destrucción masiva.

Sin embargo, somos legión los periodistas que hablamos con Paloma Cuevas, sin cámaras ni micrófonos. Su actividad telefónica es intensa. Su dulce voz cordobesa es estos días un débil hilo de pena, un exiguo torrente que sin embargo pregunta en catarata por cuánto tiempo seguirá este calvario mediático que padece y que se suma al verdadero problema: el fin de un matrimonio por desgaste, la disolución de una familia, el hecho de que Paloma ya no es la persona más importante en la vida de Enrique Ponce, no es ella la mujer a la que desea. Y puede que tampoco Paloma piense ya hace mucho en Ponce como s compañero de dormitorio.

Paloma se tiene que conformar con el "inmenso cariño" que siempre le guardará quien ha sido, sin duda, el hombre de su vida. Al menos hasta ahora. Esa actividad bajo cuerda de Paloma Cuevas con la prensa ha llegado a oídos de Ana Soria, que a sus 21 años es de armas tomar. Y tal vez frente a esa pena que exhibe Paloma ante todo el que la llama, la futura abogada almeriense ha querido quitarse la fama de robacorazones, probablemente injusta, y a desplegar para quien quiera leerla una sentencia inapelable: "Dedica tu tiempo a buscar tu propia felicidad y no trates de impedir que otros encuentren la suya". Esto es la guerra.

Al otro lado del ring invisible, inaudible y oculto, esas fotos hechas en México en enero, que llegaron a una revista y fueron guardadas en un cajón. Pero enseñadas a Paloma en junio. Esas fotos de Ana Soria y Enrique Ponce, sin escenificar una pasión entre el torero y la bella estudiante, evidenciaban una relación y llegaron a la publicación procedentes del entorno de la almeriense, lo cual ha hecho sospechar a más de algún espectador de este melodrama que fue una maniobra para descabellar un matrimonio que, como un toro atravesado por el estoque certero y tumbado ya con la panza sobre el albero, yacía en el suelo del aburrimiento, la tristeza y la total ausencia de pasión. Y ahora le tocaba disparar a Ana Soria y lo ha hecho con calibre grueso: "Dedica tu tiempo a buscar tu propia felicidad y no trates de impedir que otros encuentren la suya", le dice, entendemos que a Paloma, como contábamos en primicia a los pocos minutos de lanzar Ana el puñal. Porque una mujer inteligente, futura abogada, que se encuentra en la situación que se encuentra, se sabe observada por los medios con lupa, si suelta semejante frase es para que la leamos y para que la lea Paloma Cuevas, y no para dar una clase de metafísica de la reflexión espirutual. 

Como cantaba Jeanette en Frente a Frente, a Paloma y a Enrique solo les queda un gesto amable para no hacer la vida insoportable y así ahogar las penas. Solo eso queda. La propia Paloma, destrozada por el daño que todo esto pueda hacer a sus hijas, de ocho y doce años, no está siquiera despechada. Señal de que ya no había mucho más que cariño, aunque mucho, entre su marido y ella, cuando en enero Ponce se volvió loco de amor por la rubia almeriense con la que cenó este sábado en San José, en Cabo de Gata.

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