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Marisa Martín-Blázquez: De rojos, maricones, Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban


Yo soy de negros y de blancos. También en lo que al color de la piel de las personas se refiere. El racismo siempre está en el color de los ojos de quién lo mira y ve diferencias insalvables.

Pero también soy de grises. Nunca me gustaron los extremos como lugar de residencia y por eso suelo mudarme de un lado a otro y transito, cual nómada, por la gama de los grises. También por la escala de colores. La vida, partiendo del blanco o el negro, revela una escala cromática preciosa.

No me gustan los pensamientos únicos, los posicionamientos únicos; las decisiones o ideas inamovibles. Como tampoco me gusta un único género musical, pictórico o literario. Me encanta Camarón y vibró con Led Zeppelin. Me cautiva Antonio López y también Willem de Kooning.

Suelo ser yo y lo contrario.

Así puedo leer la poesía de Rafael Alberti y rasgarme por dentro y leer la de Miguel Gane y temblar de emoción.

Me parece que soy más yo y más auténtica si me permito calarme de todo lo que me rodea e impregnarme de distintas esencias que me forman, deforman y vuelven a hacer de mí una nueva persona o una persona nueva. Que no es lo mismo.

En cuanto a la política, me sucede algo parecido. Muchos no me entienden, pero eso no es lo importante. Yo voto a quien me plantea un programa honesto, a quien, desde la entrega, la honestidad y el consenso, busca el bien de mi país y sus ciudadanos. Quizá por eso, estas últimas elecciones mi voto fue en blanco. Nadie cumplía con esos mínimos exigidos por mí.

He sido votante de partidos de izquierda, de partidos de derecha y de centro. Nunca me gustó encasillarme. En ningún sitio y en ningún pensamiento preconcebido y con límites. Jamás me afiliaría a ningún partido. Puedo ser trabajadora al servicio de otros y empresaria con gente a mi cargo y, además, defender desde el mismo lugar derechos y obligaciones de ambos.

Puedo ser puta y beata.

Feminista y de derechas.

Sindicalista y empresaria.

De Ópera y de Rock and Roll.

Creyente y agnóstica.

Me gustan los "rojos y maricones" y los de derechas y heterosexuales.

Últimamente estoy viviendo una situación que me retrotrae a la que vivieron mis abuelos; y a una España que se parece a la de rojos y azules, a la de buenos y malos; a la de la continua crispación.

Me encanta leer a Lorca, –comencé a vibrar con su obra a los 15 años– tan rojo y tan maricón, como a Muñoz Seca, tan fascista y hetero y tan anti republicano.

Cuando se aprobó la Ley de Memoria Histórica –Ley 52/2007– creía que era para "reconocer y ampliar derechos a favor de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa, durante la Guerra Civil y la Dictadura, promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal y familiar" y que eso debería de servir para la reconciliación definitiva de ambos bandos. 

Y no sólo no está sucediendo eso, sino que desde que vivimos la grave crisis sanitaria del Covid 19, estamos instalándonos –más que nunca– en los extremos que nos apartan, nos alejan y nos enfrentan. Nuestros políticos actuales, –la mayoría de ellos y sin distinción de colores e ideologías– lejos de estar velando por el consenso, la unión y el bien común, debaten en el Parlamento sin categoría; sin la política, sin la lingüística y sin la que deberían tener como seres humanos, lo que piensan en el prójimo. Mientras, se miran el ombligo y juegan, como críos en el patio del colegio, a ver quién la tiene más grande o quién insulta con más ganas.

Pero esto ya no sólo lo podemos ver y escuchar en el Hemiciclo; las posturas son irreconciliables, también entre las familias y los amigos. Y si no, que se lo digan a Jorge Javier Vázquez y a Belén Esteban, que el pasado sábado protagonizaban ese tipo de crispación. En el 'género del corazón' también se alzan las espadas e incluso ha habido más que un 'touché' y la sangre se ha derramado y puede que termine llegando al río.

"Y que yo me la llevé al río

creyendo que era mozuela,

pero tenía marido".

A mí me gustan los negros y los blancos, los rojos y los azules, los republicanos y los monárquicos, los gays y lesbianas y los heterosexuales, los de vino y los de cerveza, los de la ópera y los heavys; a mí me gustan todas las personas con sus ideas y opiniones. Todas, siempre que sepan que todos somos iguales, que debemos respetarnos y que uniendo fuerzas e ideas seremos mucho mejores y más fuertes.

Por eso me muevo del blanco al negro, pasando por los grises y por todas las escalas polícromas que dan lugar a un arcoíris perfecto y que sale en medio de la tormenta cuando el sol llega a iluminar todo.

Ojalá pronto, y en medio de la tormenta, un sol que nos muestre la mejor bóveda con el mejor espectro.

Por eso, hoy más que nunca, soy de las que me gusta quedarme en las personas y en los lugares donde me dan la libertad de irme cuando me dé la gana.

Mi contradicción y yo.







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