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La viuda de Michael Robinson recuerda su historia de amor: "A nuestra primera cena llegó muy guapo"

22/06/2020 - 12:32

El pasado 28 de abril, Christine Sharrock vivió el peor momento de su vida, la muerte de su marido, el periodista deportivo Michael Robinson. Mes y medio después de su fallecimiento, la viuda del exfutbolista británico y madre de sus dos hijos ha tomado la palabra para recordar algunos momentos de su especial historia de amor.

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Chris, como Michael le llamaba, ha desvelado que se conocieron en Blackpool, un barrio situado a unos 60 kilómetros Manchester y donde ambos crecieron: "En Blackpool coincidimos en fiestas de amigos comunes, pero la primera cita fue en Escocia, donde yo trabajaba como azafata en Monarch Airlines y él había ido a jugar un partido", ha contado en la revista Vanity Fair.

En aquella época, Robinson jugaba en el Brighton and Hove Albion, donde llegó tras ser fichado por el Manchester City por 750.000 libras, una cifra inaudita en esos tiempos. La primera cena entre Chris y Michael fue en la ciudad escocesa de Glasgow. Según contó Michael en su libro, Es lo que hay... Mis treinta años en España, llevaba tiempo detrás de conseguir aquel encuentro.

Así lo ha recordado Chris: "A nuestra primera cena llegó muy guapo, con una gabardina de color crema y muy distinto a como la gente lo conoce: tímido y nervioso. Yo también lo estaba, éramos muy jóvenes y nos gustábamos mucho, pero fue muy especial", ha explicado.

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Para su segunda cita, Robinson escogió el Le Bearn, un lujoso restaurante francés situado a orillas del río Ródano en la ciudad suiza de Ginebra: "Él era muy romántico y fue una cena tan bonita, que volvimos años después para recordarla" ha rememorado Chris, que luego se convirtió en su mujer.

Ambos vivieron un apasionante matrimonio y tuvieron dos hijos. Antes de morir, Robinson aseguró que no le importaba fallecer porque había tenido una vida "plena y feliz". Chris ha reconocido que esas palabras le ayudan a soportar su pérdida: "Lo decía de verdad. Aprovechó la vida. Michael necesitaba que la gente lo hiciera vibrar. Si eso no ocurría, no perdía el tiempo. La gente se confunde porque lo veían tan simpático... Y lo era, pero si algo o alguien no le interesaba, daba media vuelta o callaba. Se fue en paz. Y aunque el agujero que deja es enorme, saberlo me ayuda a soportarlo".







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