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Carmen Martínez-Bordiú: amores y otras ruinas de la duquesa de Franco

María del Carmen Martínez Bordiú (Madrid, 26 de febrero de 1951), II duquesa de Franco y grande de España, se ha pasado siempre por el arco de la Victoria que construyó su abuelo las reglas y los convencionalismos cuando el amor ha llamado a su puerta. Y nunca le ha importado si sus hombres eran ricos o pobres, jóvenes o mayores.

Se acabó el estado de alarma y mucha gente vuelve a la casa familiar y a su vida anterior. Es el caso de la nieta del dictador. Carmen ha pasado el confinamiento en la finca que tiene desde hace años en la zona de Cazalla de la Sierra, no lejos de Sevilla. La propiedad donde ha pasado estas semanas la madre de Luis Alfonso de Borbón la compró junto a su pareja de entonces, Roberto Federici, el arquitecto italiano que llegó a su vida después de romper con el anticuario francés, Jean Marie Rossi, padre de su hija Cinthya.

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Aquella relación terminó mal, como otras que mantuvo la nieta mayor de Franco, poco afortunada en sus distintos amores. Federici, que estuvo también cuatro años con la princesa Ira de Fürstenberg, es un hombre atractivo pero "de carácter imposible", según contaba alguna amiga de Carmen. Juntos emprendieron la aventura de dedicarse al campo, ovejas, ganado y a cultivar la tierra de la preciosa serranía andaluza. Pero al romper su relación, Carmen no tuvo más remedio que comprarle a Federici su parte, un pellizco económico que desequilibró sus finanzas.

No es la primera vez que a Carmen le cuestan caros sus amores. Cuando dejó a Alfonso de Borbón y se fue a París con Rossi tuvo que pasar una manutención a sus hijos Francisco y Luis Alfonso. Y a la muerte del mayor, en el trágico accidente de coche aquel 7 de febrero de 1984, en el que también estuvo a punto de perder la vida su ex marido Alfonso, Carmen siguió contribuyendo a los gastos de su hijo, aunque Luis Alfonso siguió viviendo en Madrid con su padre, hasta la muerte del duque de Cádiz en otro desgraciado accidente, en enero de 1989, en este caso de esquí. Su hijo Luis Alfonso se fue a vivir a la casa de su abuela, Carmen Franco en la madrileña calle Hermanos Bécquer, pero era su madre quien corría a cargo de su estudios y gran parte de sus gastos.

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José Campos

El matrimonio con José Campos, su tercer marido, también fue ruinoso para la nieta de Franco. Junto al cántabro, compró dos casas, una frente a la playa del Sardinero en Santander y otra en un paraje natural, pagadas las dos íntegramente por ella. Pero Carmen se había casado con José sin separación de bienes. De todas las exclusivas de prensa en las que posaban juntos, Campos se llevaba la mitad, aunque la famosa y atractiva para los medios era ella, y Carmen fue tan generosa que mientras estaban casados le regaló un barco, cuyo atraque en Mallorca, seguros y gastos de mantenimiento, pagaba ella íntegramente. Al separarse, el santanderino pretendía que su ex mujer sufragara también el gasto de llevar la embarcación de Baleares a Cantabria y exigía quedarse con el piso frente a la playa de Santander, por ser "el hogar conyugal". Su divorcio fue complicado y amargo para Carmen.

El Chatarrero

El siguiente amor conocido de su vida, Luis Miguel Rodríguez, pagó durante años el costoso alquiler de 6000 euros mensuales, de un gran piso en el calle Velázquez de Madrid, donde tenían su nido de amor ocasional, ya que allí Carmen vivía sola, mientras el empresario tenía aventuras con otras mujeres y seguía haciendo su vida de juergas nocturnas. Carmen le consentía todo "porque estaba muy enamorada", según confesó la propia Carmen, hasta que un día la situación era insostenible. El romance se acabó de forma amistosa y consensuada pero Luis Miguel le advirtió que dejaba de pagar el alquiler y le dio un plazo para que abandonara la casa o siguiera ella haciéndose cargo de los gastos.

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Carmen se fue a otro piso más pequeño en el mismo barrio de Salamanca, aunque solo unos meses, mientras buscaba una casa en la costa portuguesa, cerca de Cascais. Era la localidad favorita de su nuevo acompañante, Timothy MacKeague, el joven australiano de 35 años, de profesión consejero emocional, sin un céntimo, pero capaz de dar a la nieta mayor de Franco paz y serenidad en una edad, casi 70 años, en la que la estabilidad es más atractiva que los sobresaltos.

Una casa portuguesa

Carmen hubiera preferido elegir otra localidad portuguesa más animada que la solitaria mansión frente al Atlántico que tanto entusiasma a su toyboy pero quiso darle ese gusto. Por otra parte, la mansión, elegante y señorial en apariencia, estaba en muy malas condiciones y su restauración para hacerla habitable ha sido una ruina para su propietaria.

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Otra propiedad en Burdeos

También ha sido una sorpresa poco agradable la reforma  de la casa que Carmen se ha comprado en Burdeos para estar cerca de su hija Cinthya Rossi, que vive allí con su marido, médico de profesión, y los dos nuevos nietos de Carmen. Las obras han sido muy largas y costosas. Y a los hijos de Carmen Franco todavía les quedan por vender algunas de las propiedades más importantes de su madre: la casa de Hermanos Bécquer y el pazo de Meirás. Pero está visto que Carmen es más romántica que pesetera y que le mueve más el amor que el dinero.

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