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Iker Casillas y Sara Carbonero, dos 'filósofos' en cuarentena: "Cuando pase la tormenta, no seremos los mismos"

2/04/2020 - 11:45

Iker Casillas y Sara Carbonero comparten casi de forma diaria momentos de su vida y sus reflexiones con sus más de 16 millones de seguidores de Instagram. En uno de sus últimos post, el portero del Oporto ha parafraseado uno de los fragmentos del famoso escritor Haruki Murakami para dar su opinión acerca de la pandemia del coronavirus.

"Y una vez que la tormenta termine, no recordaremos cómo lo logramos, cómo sobrevivimos. Ni siquiera estaremos seguros si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura, cuando salgamos de esta tormenta, no seremos las mismas personas que entramos en ella. De eso se trata esta tormenta", ha escrito el marido de la periodista junto al hashtag #siemprejuntos.

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#alwaystogether?? ???? #buenasnochesmundo????

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El ex guardameta del Real Madrid pasa el confinamiento en sus vivienda de Oporto acompañado por su esposa y sus dos hijos, Martin y Lucas. El pasado fin de semana sorprendió a todos al mostrar su nuevo look en la red. Y es que Casillas se ha rapado el pelo. "Vendrán noticias positivas. Juntos", declaró bajo la imagen en la que mostrada su radical cambio.

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Al igual que su esposo, Sara también ha compartido profundas reflexiones sobre los duros tiempos que nos ha tocado vivir. La periodista recordó este pasado martes la última vez que salió de casa para quedar con tres amigas y tomar un café: "Y entonces he caído en que lo que yo pensaba que era rutina, en realidad era vivir", decía en su largo texto la periodista.

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Esta fue la última carioca de limón que me tomé fuera de casa antes del confinamiento. Hoy he encontrado la foto que no tendría nada de interesante si no fuera por este motivo y porque al verla no he podido evitar pensar que si hubiera sabido lo que nos esperaba seguramente la habría saboreado de otra manera. Estaba con dos buenas amigas, contándonos cómo había ido el día, desahogándonos cada una con sus problemas cotidianos, riéndonos (mucho) por cosas absurdas y planificando una cena para el día siguiente a base de recetas saludables. No era una mañana especial o eso creía yo. Nos despedimos como todos los días, cada una subió a su coche y puso la misma canción, de la que habíamos hablado un rato antes porque no había manera de sacárnosla de la cabeza ("pero si le suena la canción, le da una depresión tonta..."). Nos mandamos un audio, nos volvimos a reír. Cada una se fue al cole a por los niños y hasta el día siguiente, pensamos. Esta tarde una de estas amigas me ha escrito un mensaje para decirme que tenía un regalo para mi, que me lo dejaba en el portal. Con guantes y mascarilla he bajado a buscarlo, ella ya estaba en el coche. Apenas nos hemos despedido con la mano y una sonrisa de "ya queda menos". He cerrado la puerta y ahí en la escalera, un ramo de camelias recién cortado de su jardín para acercarme un poquito la primavera y de paso recordarme que hace unos días que llegó. Porque no sé si os pasa también a vosotros pero yo últimamente no sé en qué día vivo. Al ponerlas en agua he seguido pensando en ese último sorbo de mi carioca de limón, en que debía haberlo saboreado de otra manera además de porque en casa no me sale ni parecida la infusión porque quizá fue la última que compartí con esta amiga que está a punto de ser mamá, antes de que nazca su bebé dentro de unos días. Mientras colocaba el jarrón he sentido una profunda sensación de añoranza, de algo que yo consideraba cotidiano, "normal" y corriente: Tres amigas, un café, nuestro rincón, un sillón amarillo bastante incómodo, música de fondo y una terapia de risas que cambiaba por completo mis días . Y entonces he caído en que lo que yo pensaba que era rutina, en realidad era vivir.

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