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Carlos Falcó, mucho más que un aristócrata: empresario, innovador y "todo un caballero"

21/03/2020 - 11:03

Carlos Falcó, de cuyo ingreso hospitalario en estado grave por coronavirus informamos este jueves en primicia, murió en la tarde del viernes a los 83 años después de perder la batalla contra el coronavirus, tal y como publicamos. Carmen Lomana le definía al poco de fallecer como "todo un caballero" y es una opinión unánime entre familiares, amigos y ex mujeres.

El Marqués de Griñón era además de aristócrata y persona de la crónica social, un empresario muy relevante, presidente del Círculo Fortuny (patronal del sector del lujo en España), y además amigo íntimo desde la infancia y confidente del rey don Juan Carlos, Grande de España, padre de Tamara Falcó y ex marido de Isabel Preysler.

Guerra

Nació el Palacio de las Dueñas de Sevilla porque en julio de 1936 sus padres estaban veraneando en un hotel de Zarauz. Allí detenían y fusilaban a muchos aristócratas y entonces unos amigos ingleses de la familia les dieron refugio y les metieron en un barco en dirección a Francia. Su madre, Hilda Fernández de Córdoba y Mariátegui, estaba embarazada de Carlos y fueron a Burdeos.

Mujer de armas tomar. Hilda Joaquina Fernández de Córdoba y Mariátegui, madre de Carlos Falcó, XIII Marquesa de Mirabel, III condesa de Santa Isabel, XII condesa de Berantevilla. Fue además dama de S.M. la Reina Doña Victoria Eugenia. Vivió hasta más allá de los 90 años (Madrid, 24 de abril de 1908, Madrid, 1 de julio de 1998).

Después, y tras la toma de Sevilla por parte de los sublevados, el duque de Alba (primo hermano de su padre), acogió a la familia en Las Dueñas, donde estuvieron hasta que terminó la guerra. Cuando llegaron a Madrid, a finales de 1939, su  residencia de Madrid era la embajada americana, y cuando todos los embajadores desertaron, pudieron volver a vivir allí.

Don Juan Carlos

Luego su familia acogió a un niño llamado don Juan Carlos a su regreso a España, que veraneaba con Carlos y sus familias en Estoril. Apoyaban a don Juan de Borbón en su exilio. Como muchos nobles distinguidos con grandeza de España, los Falcó se turnaban para acompañar a los condes de Barcelona en Portugal. El padre de Carlos participó personalmente en la educación del Príncipe don Juan Carlos, que fue compañero de juegos de Carlos, casi de su misma edad, y forjaron una amistad que ha durado siempre. El marqués de Griñón y su familia fueron tan monárquicos como los que más, por supuesto, pero con Franco no hubo buena relación.

Don Juan Carlos, amigo de la infancia de Carlos Falcó, cuando aún era un adolescente, a mediados de los años 50. 

Franco

"Franco a mi abuelo le expropió la mitad de sus fincas, y a mi madre otro tanto", recordaba a menudo Carlos Falcó. No sin añadir que "si hubiera triunfado la república lo hubieran perdido todo". Así es. Porque el Partido Comunista quería expropiar tierras a sus propietarios y nacionalizar la industria.

¿Militar?

Su madre era de armas tomar, como hemos visto, y era una Fernández de Córdova, descendiente del Gran Capitán. Pero Carlos no fue militar porque su hermano mayor (el que murió en accidente de cocho yendo con Carlos) fue a la Marina y a el le tocaba ir a la Academia Militar de Zaragoza. Ante el panorama, que no le seducía, fue a ver al abuelo y le dijo que lo quería ser era ingeniero agrónomo y continuar lo que él hacía con los vinos y los aceites. No era un capricho de niño bien. Estudió en Lovaina porque sus padres decían que aquella España del franquismo más rancio era muy oscura incluso para una familia de privilegiados.

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Esposa joven

Soñador y romántico pero con los pies en la tierra, el Marqués de Griñón (Palacio de las Dueñas, Sevilla, 3 de febrero de 1937) se sentía joven porque lo era. Al menos de espíritu, aunque llegara al mundo en medio de la Guerra Civil, en la residencia de las Casa de Alba en la capital andaluza. "Uno tiene la edad de su esposa", bromeaba el padre de Tamara, citando a Confucio. Pero además de las bromas que el mismo hacía sobre la diferencia de edad con su mujer, Esther Doña, a la que doblaba en edad, Carlos Falcó tenía la cabeza siempre llena de proyectos, era un emprendedor de 83 años.

Su apuesta más allá de su pasión por el campo y por la cultura al buen vino o el aceite, la ejercía desde el liderazgo del Círculo Fortuny. Carlos Falcó y Fernández de Córdova, marqués de Griñón y de Castell Moncayo, presidente de su propia empresa, Family Estates (vinos, aceites, fincas y palacios), y de Grandes Pagos de España (asociación de las mejores bodegas patrias), y vicepresidente de la Real Academia de Gastronomía; grande de España (un club de apenas 300 aristócratas), era padre de cinco hijos de tres diferentes mujeres. La cuarta, la viuda que llora su pérdida, es la ex modelo Esther Doña.

Ingeniero agrónomo, nunca pensó en jubilarse. Hace 20 años ya aplicaba la revolución digital surgida en Silicon Valley a sus viñedos. Falcó rompió el mito de que la aristocracia nunca trabajaba y aunque su noble familia ya se había dedicado a la viticultura y la producción de aceite durante siglos, él se echó al campo y recorría en persona las tierras para revisarlo todo.

Experta en spás

Hace no mucho sacó al mercado su firma de cosméticos a base de aceite de oliva. El márketing fue se los más sensual: declaró a los medios que cada noche untaba a su bella esposa con su oro verde. De hecho, Carlos contaba orgulloso que Esther tenía experiencia porque dirigió un spa cosmético en Madrid: "Tiene muchas ideas y le gusta probar y participar en todos los ensayos que le prponemos", decía de su joven esposa, de la que estaba locamente enamorado. "Uno es mayor cuando tiene más recuerdos que proyectos, y yo tengo muchos más proyectos", nos decía en una recepción junto a ella en el Palace no hace mucho, con una sonrisa que no podía ocultar su felicidad.

Mercado del lujo

Falcó, como es lógico, defendía el mercado del lujo a capa y espada. Siempre que tenía ocasión se ponía una corbata de Hermés, o alababa un producto gourmet, aunque no fuera de los suyos, o apuntaba un dato de crecimiento del sector, o de la importancia para la exportación, o explicaba la relevancia del turismo de compras en Europa. Para el ex marido de Isabel Preysler, la denominación de lujo no era la ideal para agrupar este tipo de productos. Él se refería a "excelencia o alta gama", porque pensaba que el lujo era solo para ricos y en cambio argumentaba que un crecimiento del sector de alrededor de un 50% en poco más de un lustro se debía a que hay gente que celebra momentos especiales, como una boda o un aniversario con un detalle de gran nivel, del tipo que sea: una joya, un complemento o un delicatessen.

Contra las mafias del plagio

Otra de las batallas que libraba el marqués era contra el plagio, "un fraude intelectual que hace daño al prestigio de los productos porque las copias nunca son iguales", decía. Carlos Falcó solía destacar la verdadera importancia de este problema: "El dinero que sale de esas redes organizadas explota a personas en las condiciones más terribles, no paga impuestos, y lo que es peor: financia las mafias de todo tipo, incluyendo el terrorismo internacional", decía. Efectivamente, la mayor entrada de estos artículos en Europa se produce o pasa por Turquía, y la Unión Europea estima que el volumen de este mercado se equipara al de la droga, o el tráfico de armas.







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