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La gran noche de Pedro Almodóvar y Antonio Banderas en unos Goya peñazo y descafeinados

26/01/2020 - 10:24

Los premios Goya cumplen 34 años llenos de altibajos. De ediciones politizadas, protestando contra la guerra, o las de tinte feminista, apoyando la igualdad o el me too, la de este año pasó de puntillas sobre cuestiones candentes.

Si hubiera estado Javier Bardem en el escenario, a lo mejor habría hecho un alegato contra Vox y la ultraderecha.

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Por cierto, Santiago Abascal declinó la invitación de la Academia, con un "No me gusta el cine que viene a tocarnos las narices", mientras su número 2, Espinosa de los Monteros, se mofó en su twitter de las reivindicaciones económicas y profesionales de los artistas. Nadie les respondió desde el escenario. Tal vez, desde el punto de vista de la reivindicación, estos Goya se hayan vuelto descafeinados.

El escenario, por cierto, estaba montado con buena técnica y modernidad, aunque el ritmo del guión del Terrat y Buenafuente, unido a las soporíferas dedicatorias de los ganadores a sus familias, pesaron en la fiesta, a ratos aburrida, sin emoción y pocas gracias. Y estratosféricamente larga: cuatro horas es una paletada.

Estilismos

Si en general todo fue previsible y sin sorpresas, el nivel de la vestimenta de invitadas y actrices  fue superior a otras ediciones. Entre los actores, cada vez arriesgan más y hasta vimos en la alfombra roja a Eduardo Casanova, con tacones y smoking blanco con cola. Pedro Sánchez normalmente vestido de ejecutivo impecable, llevaba una extraño modelo de pajarita que parecía ahogarle.

El blanco en sus muchas variedades fue el color de la noche. El que vistieron Toni Acosta, Greta Fernández (con perlitas incrustadas en las mejillas), María Esteve, una de las tres hijas de Marisol, la nadadora Ona Carbonell, Marisa Paredes, Nawja Nimri o Dafne Fernández, con un Loewe muy sexy.

Otras, como la ex ministra Ángeles González Sinde, eligieron el total negro de Modesto Lomba. Marta Nieto, la espléndida protagonista de Madre, el blanco y negro, apuesta siempre segura, firmado por Jorge Acuña.

A Nieves Álvarez le hizo su modelo en verde, exclusivamente para ella su amiga Alberta Ferretti, y encima le dejaron una joyas, pendientes y sortija, de Bulgari con esmeraldas inmensas que había llevado Gina Lollobrigida.

El de Nicole Kimpel, también verde, Pronovias, Penélope Cruz se decantó por gasas floreadas en tonos fucsia, Belén Rueda por un elegante turquesa, mientras Macarena Gómez, Ángela Molina (magnífica a su 64 años) y Clara Lago por estampados metalizados. María Casado, la presentadora de Televisión Española (en la foto, siendo besada por su estilista), subió al escenario con un precioso vestido de pedrería en blanco y negro, que le prestó Thais Tous, la hija de Sara Montiel y que su madre lució hace 60 años.

Como nos temíamos, Pepa Flores no fue a recoger su Goya de Honor. Las tres hijas de la actriz hicieron lo que pudieron para suplir una ausencia, para muchos inexplicable. Pepa Flores estaba en Málaga siguiendo la gala, no está enferma ni impedida y dice agradecer el premio, sólo tenía que aparecer un momento y España entera se habría puesto en pie.

Y si Pepa-Marisol tuviera miedo escénico a mostrar el deterioro de su esplendida belleza, ahí están dos de las actrices premiadas: Julieta Serrano, a sus 87 maravillosos años, por su papel de madre de Antonio Banderas en Dolor y Gloria. Y Benedicta Sánchez, de 84, actriz revelación por O que arde, sin dientes y sin complejos.

Sobraron los "hostia puta, hostia a secas y no jodas", repetidos demasiadas veces por Silvia Abril. Los humoristas que echan mano de tacos y palabras malsonantes, de forma tan reiterativa, demuestran que su lenguaje tiene pocos recursos, olvidan que hablando así pueden ofender a gente.

Faltó mencionar de alguna manera, que el antiguo Palacio de los Deportes de Málaga, donde se celebró la gala, se llama ahora Estadio Martín Carpena, en honor al concejal del Partido Popular, asesinado por ETA en el año 2000.