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Así es Pepa Flores: la auténtica Marisol, vista por sus seres queridos

24/01/2020 - 11:04

¿Irá Marisol a recoger el Goya de Honor este sábado? De hecho, sus hijas Celia y María estarán presentes en la gala junto al resto de la familia. Y Amaia Romero hará lo propio y toda la ceremonia estará impregnada del recuerdo de unos tiempos en los que el nombre de Marisol era importante para todo un país. Pero "Pepa no irá", repiten los periodistas malagueños que la conocen. Sus más cercanos explican cómo es la auténtica Pepa Flores en la intimidad.

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Pepa se ha mostrado "muy honrada y agradecida por este reconocimiento concedido por la Academia de Cine por sus inolvidables interpretaciones y por ser una de las actrices más queridas y recordadas por el público, pero tiene intención de mantenerse apartada de la vida pública, como lleva haciendo desde hace muchos años", afirma la pareja de la actriz desde hace tres décadas, Massimo Stechini. La decisión de Pepa de llevar una vida discreta no casaría con el baño de multitudes que supondría el Goya. "Es honrada, decente, honesta y todos los adjetivos que se te ocurran. Intenta ser normal, lleva muchos años intentando ser normal", apostilla Massimo. Y abunda en lo mismo: "Ella habló hace 30 o 40 años, ¿ahora para qué? Hay cosas que no tienen precio. ¡Qué la dejen vivir en paz!".

Su hija Celia explicaba algo similar sobre el retiro de su madre. "Dentro de la música y del cine, ya no podía hacer nada más. Necesitaba quedarse tranquila en su casa, coger su guitarra… disfrutar de su soledad. Mi madre es una persona que respeta a todo el mundo y lo único que quiere es paz". La Academia de Cine, por su parte, sigue sin dar pistas sobre su aparición. La artista no ha pasado por toda la liturgia por la que suelen pasar los merecedores del premio honorífico.

A Pepa Flores no la creyeron cuando quiso dejar atrás a Marisol, la niña prodigio del franquismo, pero 35 años de retiro y silencio se han convertido en la mejor prueba de una coherencia que en su tierra respetan. Lo ha sido todo. No solo cantó, fue imagen de un régimen, historia de un país, producto, mito erótico, icono de moda, todo, y no quiere nada. Eso es lo que asombra. Y el mejor ejemplo de esa normalidad es cómo piensa disfrutar Pepa de la exposición en su honor que ha llenado con 34 fotografías suyas una de las calles más conocidas de Málaga. Más de uno ya hubiera aprovechado la ocasión para atraer la atención mediática, pero ella no. Se ha podido saber por su pareja que Pepa y su familia han podido ver la exposición que se ha inaugurado en su honor, pero que lo han hecho "de madrugada".

Una vida sencilla

Pepa Flores evita los focos desde el sitio que eligió para vivir hace años: el Paseo de la Farola del barrio de La Malagueta, una lengua de tierra que se cuela en el Mediterráneo. Allí saca a su perro, pasea a diario con su pareja y se la puede ver con su hermana Vicky, casi la única, además de sus hijas, con quien comparte su rutina diaria. Pepa invirtió parte de su dinero en un piso de 107 metros cuadrados, en un decimoquinto piso en Málaga, con vistas a la playa. Ahí posee también cuatro trasteros. Además heredó junto a sus hermanos la mitad de la casa de su madre, en el Paseo Marítimo de Ciudad de Melilla y la mitad de la plaza de garaje.

Hace un año compraron una finca de 419 metros cuadrados en Moclinejo. Ahí han construido una vivienda unifamiliar de 117 metros con piscina. En la casa tienen un pequeño huerto y gallinas. Además, adquirieron seis hectáreas de terreno de cultivo de almendros. Y está a unos minutos de la casa donde vive su madre. Flores se retiró con décadas de éxitos que le han permitido vivir 32 años de las rentas "gracias a que vive de una manera sencilla y normal en Málaga", apuntan sus amigos. De su trabajo le quedan ahorros y un humilde patrimonio para alguien conocido por generaciones de españoles. "Vivo de una manera muy sencilla y es lo que yo he querido, y es lo que llena mi vida, lo cotidiano. Me alimento de lo cotidiano, y para mí esa es la vida. Simplemente", confesaba la propia Pepa Flores hace un tiempo.

Unas palabras que corrobora su hermana, Vicky Flores, en una entrevista a Look: "Mi hermana se retiró y le ha encantado recibir el premio porque es un reconocimiento, pero se retiró. Se olvidó de toda su vida anterior como artista. Pepa es la mejor persona que puedes conocer en tu vida. Coherente, honesta y además muy buena gente. Es una persona extraordinaria. Me encanta que le reconozcan su labor profesional de toda la vida, como hermana me siento muy orgullosa". Vicky Flores ha dejado claro también que ese cambio de vida de su hermana no le ha hecho olvidar a Marisol. "Pepa está muy agradecida a Marisol, la respeta muchísimo, quizás más que nadie. Ella firma Marisol y debajo Pepa Flores. Ella es la que más ha cuidado la imagen de Marisol. Se fue del cine, del espectáculo y de toda su carrera, pero a Marisol la dejó intacta".

"Nunca tuvo vocación de artista"

Uno de sus amigos, el pintor Antonio Montiel, tal vez el pintor que más la ha retratado, asegura a la revista VanityFair que Flores está muy interesada en todo lo referido a la superación personal y tras más de 40 años de amistad, se atreve a asegurar que su retirada de los focos es muy coherente. "Nunca tuvo vocación de artista. Siempre me ha dicho que a ella le gustaba cantar y bailar, pero no tenía esa vocación de dedicarse en cuerpo y alma. Ser una estrella a tiempo completo le vino, de alguna manera, impuesto desde fuera", afirma Montiel. Su oído musical lo empleó unos años para dar clases de canto gratuitas en una asociación de niños con esclerosis múltiple. La relación fue correcta hasta que Pepa acudió a un acto de la fundación en el que había prensa. Flores lo interpretó como que se aprovechaban de su imagen y decidió cortar la relación con la fundación.

"En realidad, a ella le gusta cocinar, hacer potajes, cuidar de sus animales, incluidas varias gallinas, disfruta con esas pequeñas cosas", afirma Montiel. Y de viajar, ni hablemos. "Como ella dice, ya pasó suficiente tiempo con las maletas arriba y abajo", cuenta el pintor. Pepa agradece que la gente se acuerde de ella con este Goya de Honor, pero Montiel está convencido de que no irá a recogerlo. "Me sorprendería si lo hiciera. En Málaga también le pusieron una calle y no fue".

Ya de adulta, Marisol intentó quitarse el sambenito de "niña prodigio" y "musa del franquismo" para reconvertirse, pero ella cree que no le hicieron ni caso. Es más, cuando se alió con Juan Antonio Bardem para hacer otro tipo de cine, considera que España y sus propios compañeros le dieron la espalda. Cuando estrenó Mariana Pineda en televisión se convirtió en la actriz mejor pagada de España, pero sus compañeros de profesión la descalificaron: "En una encuesta realizada por un periódico entre sus compañeras, muchas opinaron que no merecía ese caché", asegura Montiel. Eso no quita que el Goya de Honor le haga mucha ilusión, cuenta el artista.

Otro de sus amigos malagueños que la conoce desde hace años, está convencido de que esa obsesión por desaparecer no es tal sino un signo de rebeldía. Ella no fue nunca una muñeca rota, como se ha dicho. "Pepa es Pepa, dueña de su vida, radical a estas alturas, pero con alma de artista, aunque la haya guardado en su baúl de los recuerdos", dice. "Pepa Flores no es anónima, solo es normal, y si rehúye el foco no es para aumentar el morbo o el interés y así cotizar más alto. Y tampoco ha vivido nunca recluida. Pepa Flores sale a la calle cada día: pasea, toma algo en los bares, hace compras. Lo que no hace es vida social. Todo el mundo sabe quién es, pero nadie la molesta", comenta la gente de su tierra. Si antes se admiraba su belleza, sus canciones y su desparpajo, ahora es la no-celebridad de Pepa Flores lo que provoca que se admire su coherencia como si fuera una obra de arte.

Detrás de la leyenda

Flores era muy pequeña, tenía 11 años, cuando empezó a cantar para aportar dinero a casa. La suya era una familia muy pobre. Para entonces, la niña encandilaba a todo aquel que la veía por su belleza y desparpajo artístico.

Manuel Goyanes la descubrió y ofreció un contrato a sus padres, que firmaron. A partir de ese momento y con Un rayo de luz, en 1960, nació Marisol, la estrella rubia y feliz que enamoró a todo un país. Su éxito en taquilla fue brutal. Arrasaba en cine, televisión y en la música. Todo lo que tocaba, se convertía en oro. Durante un cuarto de siglo, los ojos de Marisol fueron el reflejo de un país que engullía sus cintas con devoción y observaba su metamorfosis de niña prodigio, sobrenombre que siempre odió, en entregas como Ha llegado un ángel, Tómbola o Marisol rumbo a Río a la joven adolescente de Cabriola o Las cuatro bodas de Marisol, a finales de los años sesenta. En el currículum de Pepa Flores figuran 22 papeles en el cine, dos miniseries, un documental sobre ella y decenas de sencillos y discos. Una prolífica carrera como artista en la que también prestó su imagen para merchandising. Desde su propia muñeca de Famosa hasta pósteres y libros que generaron ingresos millonarios de los que ella no vio apenas beneficios. "La magia de Marisol contaminó a toda una generación e impregnó también a los hijos de las generaciones venideras", sentencia el fotógrafo César Lucas en la revista Vogue. El autor de las fotos que inundan Málaga (y que se mudarán a la sede de la Academia en la calle Zurbano de Madrid, desde la última semana de febrero hasta finales de marzo), compartió con la artista viajes, comidas y confidencias. Y se acabó convirtiendo en su retratista durante más de una década. Fue él quien hizo la famosa foto de Marisol desnuda y que ilustró la cubierta de la revista Interviú. ¡Vendió más de un millón de ejemplares!

Llegó un día en que Marisol se hizo adulta y empezó a pensar por sí misma. Vio que estaba manejada y nacieron las ansias de tomar las riendas de su vida. Para entonces, su línea sentimental estaba unida a la de Carlos Goyanes, el hijo de su productor, con quien se casó. No funcionó y se separaron en 1972. En aquella unión pesaba más el cariño y la amistad que la pasión y el enamoramiento. Un año después conocería al gran bailarín Antonio Gades, que se convertiría en el padre de sus tres hijas. Y Marisol, ahora ya Pepa, pasó de ser un mito de la etapa franquista a militar en el Partido Comunista. La pareja se casó por lo civil en 1986 y el oficiante fue Fidel Castro. Esos años hizo cuatro películas más y la serie Mariana Pineda, que no cosechó buenas críticas. Fue su penúltimo trabajo. Con Caso Cerrado, un filme de nombre premonitorio, se retiró y se separó de Gades. Hay quien dice que ese cambio de vida fue lo que precipitó su retirada. Así lo ve un amigo de la artista que ha hablado para Vanity Fair: "Es más cómodo para las personas moverse con estereotipos y todos tenían en la cabeza a la niña rubia, bonita, que cantaba canciones inofensivas. Ella quiso cambiar, en un gesto que me parece impecable, incluso ideológicamente, y no estaban dispuestos a permitírselo".

El amor que cambió su vida

Pepa vivió mucho y muy deprisa, pero fue después, en calma, donde encontró al que es el gran amor de su vida: Massimo Stecchini. En su caso se podría decir que a la tercera fue la vencida. Dicen que su gran amor no fue su primer marido, Carlos Goyanes, ni siquiera Antonio Gades, padre de sus tres hijas y compañero durante 13 años. El hombre de su vida es Massimo, un italiano con el que reside en su ciudad natal, Málaga, alejada de los focos.

A los 38 años, Pepa estaba desencantada de la profesión, aún tenía la herida de su reciente ruptura con Antonio Gades y tuvo la suerte de conocer a la persona que le ayudaría a tomar la decisión de romper con su vida anterior. Se fijó en Massimo, hermano del dueño y Relaciones Públicas de la pizzería Trastevere en Málaga. Él destacaba por su don de gentes y compartía con ella el gusto por las cosas sencillas. La conquistó y se hizo un hueco para siempre entre los suyos. "Él lo ha dejado todo para volcarse en ella y entiende muy bien a Pepa: alguien que quiere ser anónimo pero a quien siempre reconocen", explica a El Mundo José Aguilar, amigo y biógrafo de Marisol.

Como relatan vecinos de la cantante, cuando están en Málaga, Pepa, que tiene 71 años, y Massimo llevan una rutina de jubilados: pasean por La Malagueta, comen fuera y reciben a la familia y amigos. Disfrutan cuando pueden de las tres hijas de Marisol y de sus nietos. Porque si hay algo que destaca en la artista es el amor a la familia. Es una madraza y hace años descubrió el placer de ser abuela. De su hija Celia tiene un nieto, Curro, fruto de su relación con el guitarrista Manuel Chacón (Manuel de la Curra), y de su hija mediana Tamara, una nieta, Alejandra.







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