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La maldición gitana que desató 500 años de tragedia para los Grimaldi

22/01/2020 - 17:22

Tragedias e Infidelidades: el mito de la maldición gitana que ha marcado los amores de los príncipes de Mónaco parece que se mantiene desde el siglo XV. En los últimos años la familia real monegasca ha sumado escándalos y fugaces romances.

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Los hijos de Rainero de Mónaco y Grace Kelly, destinados a brillar y a reinar, saben lo que es padecer la maldición. Según cuenta la leyenda, el príncipe Rainiero I, que vivía en Mónaco, dejó plantada a su amante, que resultó ser una joven gitana. La mujer primero lloró, luego insultó y finalmente lanzó una maldición: "¡Ningún Grimaldi será feliz en el matrimonio!". Y agregó: "Salvo que se casen después de los 50 años".

En ese momento la esperanza de vida era de 40, así que la maldición era casi para la eternidad. A partir de entonces los hermanos Grimaldi durante años buscaron el amor y lo que encontraron fueron desgracias, infidelidades, desilusiones y escándalos.

Cuando Rainero se casó con Grace Kelly el 19 de abril de 1956, el mundo conoció una auténtica historia de amor protagonizada por príncipes de verdad. El cuento de hadas se había hecho realidad. Grace era una estrella de Hollywood consagrada y una de las favoritas de Alfred Hitchcock. Su elegancia y su belleza, además de pertenecer a una de las familias más ricas y aristocráticas de Filadelfia, la convirtieron en la mujer más deseada.

Con la boda entre el príncipe de Mónaco y la reina de Hollywood los escándalos no tardaron en llegar al Principado, fundamentalmente protagonizados por sus hijos. A ellos se sumó la trágica muerte en accidente de Grace Kelly el 14 de septiembre de 1982.

El príncipe Carlos aburrió a Carolina

Carolina Grimaldi, la primogénita, fue centro de atención y también de especulación desde su nacimiento el 23 de enero de 1957, nueve meses después de la gran boda de sus padres. La pregunta de si se habían casado de penalti estaba en el aire.

Carolina creció y se convirtió en "la novia de Europa". Sus padres soñaban un destino de reina y concertaron un encuentro con el Príncipe Carlos de Inglaterra. Pero el inglés cometió el peor pecado que se puede tener en una cita: fue mortalmente aburrido.

Ella necesitaba más. De todos los novios posibles se enamoró de Philippe Junot y, pese a la oposición de sus padres, se casaron el 29 de junio de 1978. Dos años después su matrimonio con el playboy terminó. Carolina no soportó las infidelidades de su marido y montó en cólera cuando se enteró de que su matrimonio era consecuencia de una burda apuesta de Junot con sus amigos en un cabaret de Mónaco.

Después de Junot, Carolina tuvo romances con Roberto Rossellini y Guillermo Vilas. En 1982 murió su madre en accidente de tráfico y se encontró con la responsabilidad de ocupar su rol.

Al año siguiente se enamoró de Stefano Casiraghi, un multimillonario heredero. Se casaron seis meses después de conocerse. Las prisas se debían a que la princesa estaba embarazada, un horror.

La pareja se veía feliz y enamorada. Nacieron sus hijos Andrea, Carlota y Pierre, pero en 1990 Stefano muere en un accidente con su lancha. Carolina se convirtió en la princesa más triste del mundo y durante dos años se recluyó en una pequeña localidad de la Provenza.

Poco a poco volvió a cumplir con algunas de sus funciones en el principado de Mónaco hasta que en 1999 sorprendió al mundo y se casó con el príncipe alemán, Ernesto de Hannover. Durante 10 años participaron de viajes y bodas reales y también protagonizaron algún tropezón, como cuando Carolina apareció sola en la boda de Felipe de Borbón y Letizia porque su esposo se quedó en el hotel superando una resaca. Los problemas con el alcohol de Ernesto siguieron y se alejó de Mónaco. Luego vino el divorcio.

Alberto, demasiado promiscuo y varios hijos secretos

Sin embargo, su hermano Alberto parecía un muchacho prudente. Sin noviazgos escandalosos, se llegó a rumorear que podía ser homosexual, pero en realidad era un maestro del despiste. En 1993 tuvo una relación pasajera con la modelo alemana Claudia Schiffer y también se le relacionarón con Naomí Campbell. Mantuvo también un breve affair con Diana Ross, 13 años mayor que él, Tatum O' Neal y Angie Everheart.

En 1992, Tamara Rotolo, una mujer de California, hizo una demanda de paternidad en contra del Príncipe. Tamara aseguraba que su hija, a quien llamó Jazmin Grace Grimaldi, era fruto de una noche loca con Alberto. El 31 de mayo de 2006, una prueba ADN confirmó que era el padre.

Otro más: en mayo de 2005, Nicole Coste, una azafata originaria de Togo, aseguró que su hijo Alexandre era de Alberto. Pocos meses después se emitió un comunicado en el que el Príncipe confirmaba la paternidad.

El 1 de julio de 2011 y luego de pasar los 50, Alberto de Mónaco se casó con Charlene Wittstock, una bellísima nadadora olímpica sudafricana. Pero días antes de la boda, trascendió que la muchacha había intentado huir de Mónaco al enterarse de que su futuro esposo, había tenido otro hijo con una amante. La ex nadadora se vio obligada a firmar un contrato nupcial en el que se exigía darle al menos un heredero y pasar 5 años casada hasta poder optar al divorcio.

El día de la boda, en vez de una novia radiante, se veía a una mujer, tanto que se la bautizó como "la princesa prisionera". Para colmo viajaron a Sudáfrica de luna de miel y se hospedaron en hoteles distintos.

En diciembre de 2014, por fin, nacieron los hijos de la pareja: la princesa Gabriella y el príncipe Jacques, heredero al trono. Parecería que Alberto había escapado a la maldición de la gitana, pero mientras él reside en Mónaco, su mujer pasa la mayor tiempo en una casa situada en el sur de Francia.

Estefanía, la coleccionista traicionada

Para muchos, Estefanía Grimaldi fue quien más padeció la maldición de los Grimaldi. Fue ella la que vio morir a su madre en el accidente de coche que en 1982 terminó con su vida y fue la que durante años vivió a la sombra de Carolina.

Ya en su bautismo mostró que sería una chica rebelde: orinó sobre el cardenal Tisserand, que oficiaba la ceremonia. A los 16 años inició una relación con Urbano Sforza, luego tuvo romances con Ted Kennedy, Felipe de Lieja y un noviazgo más largo con Paul Belmondo, hijo del actor. Hasta que se enamoró de Anthony Delon.

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Las relaciones fugaces siguieron con el piloto de F1 Stefan Johansson, el fotógrafo FrançoisDarmigny, los actores Christopher Lambert y Rob Lowe, y el productor discográfico Ron Bloom,con quien vivió en Los Ángeles. Parecía que habría boda con el empresario y playboy Jean-Yves Lefur pero lo abandonó por el millonario Jérôme Lausseure.

En 1991 sorprendió al mundo cundo inició una relación amorosa con Daniel Ducruet, su guardaespaldas. Al año nació Louis su primogénito. Rainero tuvo que aceptar el hecho,pero Ducruet no debía acudir a los actos oficiales ni tendría trato con la familia real. Dos años más tarde nació Paulina y Raniero autorizó que su hija se casara con Ducruet. El 1 de julio de 1995 se celebró la boda en la residencia Grimaldi.

Parecía que la estabilidad llegaba y la maldición gitana se alejaba, pero no. Aparecieron fotos de Ducruet siendo infiel con una bailarina de striptease y el matrimonio se divorció.

Estefanía volvió a las relaciones fugaces que incluyeron otra vez los millonarios entre ellos Dodi Al Fayed, última pareja de la princesa Diana, para quedarse con otro de sus guardaespaldas, Jean Raymond Gottlieb, con quien tuvo a su tercera hija: Camille Marie Kelly.

La relación fue efímera y empezó un romance con su profesor de esquí, Olivier Chosset. Pero entonces llegó a su vida Franco Knie, un director de circo suizo especializado en domar elefantes. Duraron poco más de dos años.

La princesa terminó con Knie tras conocer al acróbata portugués Adan Lopes Peres, 10 años menor que ella. Se casaron en una ceremonia secreta en 2003. Al año la pareja se divorció. Ella encontró consuelo en los brazos del crupier Franck Brasseur y siguieron el mozo Mathieu Snieft, el cantante Merwan Rim, el atleta Sebastien Gattuso y el acróbata marroquí Shaffik Mohamed, 20 años menor que ella.

El 1 de febrero, Estefanía cumplirá 55 años y aunque hace cinco superó la edad de la maldición gitana no se le conoce una nueva relación que la ayude a sentirse plenamente amada y feliz.







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