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Beatriz de York pasa de mala a buena tras los escándalos sexuales y financieros de su padre

La princesa Beatriz de York podría ser la nueva bocanada de aire fresco que ventilaría el aire estancado de Buckingham tras la implicación de su padre, el príncipe Andrés, en el caso Epstein.

Frente a las ostentosas y millonarias vacaciones del primo Harry y Meghan Markle, muy criticadas estos días, la hija del duque de York se ha convertido en un cisne, dicen los medios británicos, y ha sabido hacerse un hueco en los círculos más exclusivos. El motor del cambio no es otro que el amor y su próxima boda con el promotor inmobiliario Edoardo Mapelli Mozzi.

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El anillo de compromiso, coronado con un diamante a la altura de la fortuna de su pretendiente, es la prueba definitiva de que la vida sigue, y le sonríe. Ahora solo le queda esperar a que las aguas amainen y que efectivamente el rancio ambiente de palacio se renueve para que ella pueda celebrar una boda en condiciones, y no un enlace de tercera, como el planificado por su abuela, la reina Isabel II, que ha diseñado para su nieta ese especial castigo tras el escándalo en el que su padre ha sido relacionado con el pdepredador sexual Epstein, además de ciertos oscuros negocios financieros.

Y es que su boda, prevista para la próxima primavera, podría celebrarse con mucho menos boato del esperado e incluso, según cuenta el Daily Mail, en un ambiente privado sin "ningún tipo de cobertura en directo", ya que su padre perdió la paga anual de casi 250.000 libras esterlinas, cerca de 300.000 euros anuales, tras la inevitables y muy sonada dimisión de la vida pública.

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Mientras tanto, Bea de York, a sus 31 años va ganando puntos gracias al cambio de vida y de rutinas. Practica spinning a diario, mantiene una estricta dieta vegana y cuenta con el apoyo fundamental de sus amigos y amigas influencers, que cantan las bondades de la aristócrata en los grandes salones de las redes sociales. Bea, como la llaman sus allegados, "es sencilla y discreta, pero también divertida y cercana. Influye mucho que no se tome demasiado en serio a sí misma".

Muchos la envidian por su acertado frenesí social. Estuvo en la fiesta privada del multimillonario indio Lakshmi Mittal (dueño de ArcelorMittal) en su casa en Kensington Palace. Ha salido de copas con el cantante Lenny Kravitz y es clienta habitual del restaurante Gold, en Notting Hill, donde suele acudir con su hermana y sus respectivas parejas.

La royal también acude a las grandes bodas. En agosto, fue a la de la cantante Ellie Goulding, su amiga, con el directivo Caspar Jopling en el castillo de Howard. Y el pasado junio asistió como invitada de honor al enlace entre la top model Karlie Kloss y el empresario Joshua Kushner en Wyoming (EE UU).

La Fórmula 1 es otra de sus pasiones y un buen lugar para lucirse. Hace unos meses fue vista en el Gran Premio de Baréin del brazo de su prometido. Y, como princesa, cumple con sus compromisos reales, aunque ahora sean muchos menos.

Para colmo de felicidad, su futuro marido ha sido bien recibido por su estricto y vigilante entorno. Es más, se ha ganado una sincera simpatía por haber terminado por fin con las desdichas amorosas que ha venido sufriendo, en especial su ruptura con Dave Clark, su novio durante una década.

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