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¿Qué pasó entre la reina de Inglaterra y su hija Ana delante de los Trump?

5/12/2019 - 17:54

La conversación de Justin Trudeau con varios líderes mundiales que parecían reírse del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no es el único momento que está dando de qué hablar en la cumbre de dos días de la OTAN. La princesa Ana de Inglaterra fue captada por la cámara encogiéndose de hombros ante la reina Isabel II. ¿Le estaba riñendo por no saludar a los Trump o sólo le preguntaba algo acerca del protocolo? El vídeo en el que se aprecia el 'accidentado' encuentro se ha hecho viral en internet.

La reina se encontraba recibiendo a algunas personalidades, entre las que se encontraban Donald y Melania Trump. Lo hacía junto a su hijo, el príncipe Carlos, y su mujer, Camilla de Cornualles. Los tres estrecharon la mano del presidente de Estados Unidos y de la primera dama, pero la reina quería que alguien más se uniera a ellos. Se trata de la princesa Ana, que contempla la escena unos pasos atrás. La reina ve a su hija y le hace un gesto impaciente con la mano indicándole que se una a ella y sus invitados. La indicación de la reina fue acompañada con una mueca de molestia. La princesa Ana, sin embargo, solo sonríe, se encoge de hombros y no se mueve de su lugar.

Según la agencia de noticias británica PA Media, la monarca de 93 años mira, aparentemente, para verificar qué líder mundial debe recibir a continuación, antes de notar que su hija está parada en el fondo junto a la puerta. Exactamente a unos metros. La soberana británica dice algo inaudible hacia Ana en la distancia y entonces se escucha a su hija contestar: "Sólo soy yo". Y agrega: "y este grupo", mientras el resto de acompañantes de la reina se ríen. Esas frases daban a entender, según la agencia británica, que la princesa Ana señalaba a los miembros de la familia real, incluido el subdirector del hogar, el teniente coronel Anthony Charles Richards y William Peel, el chambelán.

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¿Por qué la hermana del príncipe Carlos y el príncipe Andrés se habría negado a acercarse a los Trump? Algunos aseguran que fue porque el protocolo dicta que ese no es su sitio, pero la interpretación es bien distinta para muchos usuarios de las redes sociales, que han sugerido que la reina estaba "regañando" a Ana por no saludar al presidente estadounidense, aunque se suponía que solo Carlos y Camilla serían parte del grupo oficial de bienvenida.

En el momento en el que Donald y Melania se acercaban a la soberana y al heredero, Isabel II le pedía a su hija, con la mano, que se acercara. ¡Pero su hija no le hizo caso! Se quedó en el lugar en el que estaba, viendo la escena de lejos y encogiéndose de hombros. Incluso hay quien asegura que, en realidad, Ana no tenía ganas de estrecharles la mano, protocolo mediante o no, porque sí se pudo ver a la princesa saludando a otros líderes políticos en distintos momentos de la recepción. De hecho, la princesa Ana también fue captada en otro vídeo que ha trascendido de la recepción en el palacio Buckingham, donde se la ve participando en un corrillo con Boris Johnson, Justin Trudeau y Emmanuel Macron, en el que los tres presidentes parecen estar criticando a su homólogo estadounidense por sus largas ruedas de prensa. En otro momento, Trudeau hace una broma sobre las fake news. Aquí, la princesa Ana parece sentirse muy cómoda entre los dirigentes políticos. En las redes sociales, muchos usuarios han aplaudido la acción de la princesa y la han interpretado como un rechazo por su parte a saludar al polémico presidente.

Una hija rebelde

Es bien sabido por los seguidores de la serie The Crown que la única hija de Isabel II se ha convertido en la gran revelación de la tercera temporada de la serie por su carácter indómito y su convulso historial de romances. La princesa Ana, quizá la más discreta y alérgica a los focos de todos los habituales de Buckingham, siempre ha sido la mayor desconocida de los Windsor. No extraña por tanto la fascinación que el indómito carácter de la hija de Isabel II y Felipe de Edimburgo, la que se negó a vivir en un cuento de hadas cuando se casó con el jinete y capitán del ejército Mark Phillips (varios expertos en la familia real sostienen que Ana se casó como respuesta a un despecho provocado por su primer y gran amor, Andrew Parker Bowles, compañero del equipo de polo del príncipe Carlos).

La relación entre la princesa y Mark Phillips no tardaría demasiado en fracturarse. La revista People publicó en su momento que, con motivo del nacimiento de su hija Zara en 1981, el capitán había comenzado a pasar largos periodos fuera del hogar familiar y apenas acompañaba a su mujer en actos oficiales. A ese enfriamiento de la relación había contribuido la actitud del príncipe Carlos, que nunca fue demasiado amable con Phillips, a quien le puso el sobrenombre de 'foggy' (nublado) por ser un tipo "espeso y húmedo". La pareja se hospedaba en hoteles diferentes durante los viajes oficiales y la prensa les adjudicó distintos affaires a lo largo del tiempo. En el lado de la princesa, el del escolta personal Peter Cross o el del actor de Retorno a Brideshead, Anthony Andrews. Pero la mascarada fue destapada en 1989 y se convirtió en uno de los mayores escándalos públicos al que tuvo que enfrentarse el reinado de Isabel II. Finalmente, Ana acabó casándose en segundas nupcias con Tim Lawrence en 1992 en Escocia, donde se permite el matrimonio religioso a las personas divorciadas. Ana y Laurence han cumplido este 2019 veintisiete años de un feliz y discreto matrimonio. La princesa se ha convertido en la figura más activa de la corona británica, con más de 500 eventos atendidos durante el pasado 2018 y dedica la mayor parte de su tiempo libre a su pasión por los caballos.

Una experta en lenguaje corporal

Siguiendo con las distintas interpretaciones que se ha dado de la polémica recepción en Buckingham Palace a los dirigentes de los países miembros de la OTAN, existe una tercera versión de los hechos que acontecieron entre la reina Isabel y su hija, que aporta el periódico británico Daily Mail. La versión ha salido a la luz tras consultar ese medio a la experta en lenguaje corporal Judi James para que hiciera un análisis de la situación. La especialista notó que la reina parecía saludar a su hija, como si le indicara que debería venir y unirse a la conversación, o continuar el acto protocolario. Judi especuló que la princesa Ana no obedeció a su madre, ya que no podía estar junto a ella hasta que los Trump siguieran adelante. Según James, el encogimiento de hombros de Ana expresado a su madre sugiere que ella se queda donde está, más por impotencia o por respeto al protocolo que por terquedad.

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En cualquier caso, ha sorprendido esa gestualización de la reina Isabel, que suele mantener la compostura en público. Se sabe de su fuerte carácter, pero es raro que dé muestras tan patentes como las de esta ocasión. Aunque ésta no es la primera vez que la monarca regaña a uno de sus parientes en público. En 2016, la familia real británica se encontraba en el balcón del Palacio de Buckingham mientras presenciaban el desfile aéreo del Royal Air Force. Cuando, de repente, el príncipe Guillermo se agachó para hablar con su hijo, el príncipe George. En ese momento la reina Isabel II le dio unos golpecitos en el hombro para que se levantara, orden que su nieto obedeció de inmediato.







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