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Kike Sarasola se regala un cumple de máscaras, topless y... ¿Una pareja haciendo el amor?

8/11/2019 - 9:28

Los negocios hosteleros del empresario Kike Sarasola van viento en popa, sobre todo desde que su socia principal es Sandra Ortega, la hija mayor de Amancio Ortega, el magnate de Inditex. Su cadena Room Mate inaugura un hotel tras otro tanto en España como en América, norte y sur, y hay hoteles suyos en Turquía, Holanda, París, Grecia o Italia.

Este jueves, Sarasola hizo coincidir su cumpleaños (en realidad cumple los 56 el 12 de noviembre) con la inauguración de Alba, lo último de la cadena en el madrileño Barrio de las Letras. Alba es moderno, funcional y elegante, como todo lo que decora su amigo, el interiorista Lorenzo Castillo. Y la noche del jueves, su salón principal, el patio y algunas de las 80 habitaciones, se llenaron de plumas, esas que la reina Letizia ha puesto más de moda de lo que ya estaban. Había muchas plumas entre los cientos de invitados que vestían de smoking ellos, y de fiesta de alta gama, ellas. Y enmascarados.

Porque la etiqueta exigía también máscara o antifaz, con lo cual la atmósfera estaba impregnada de la excitación que produce la clandestinidad y el todo puede ocurrir si nadie te reconoce. Y eso que era fácil ver que debajo de un antifaz made in China, estaba Charly, el sempiterno marido de Lydia Lozano. Y que un chico cañón y musculoso, podía ser Miguel Ángel Muñoz. Otros, pocos, optaron por ir a cara descubierta, como Álvaro Muñoz Escassi, Carmen Lomana o Manel Fuentes. De Raquel Meroño sólo se reconocía su escote imponente y a Raquel Sánchez Silva, se la reconocía por la sonrisa que le ha producido su última victoria judicial, relacionada con la muerte de su marido: Fallecimiento (natural) por suicidio, ha dicho el juez italiano.

Pero no todo eran máscaras de la tienda del chino de la esquina. Había preciosos antifaces venecianos, con cuerno incluido, antifaces de encaje como el que llevaban Carolina Herrera, Paz Vega o Blanca Suelves y su marido Joannes Ossorio. Y para máscara inquietante, la de Cayetana Guillén Cuervo. El disfraz del anfitrión, estaba adornado con plumas como sacadas de un campamento sioux que le cubría la cara por entero, aunque a Sarasola es fácil reconocerle por su cabeza reluciente que luce sin un solo pelo.

Todo eso ocurría en la pista de baile, lo mejor estaba en tres habitaciones del piso superior, con perfomances incluidas y bien ensayadas, aunque el guía que conducía a los invitados-espectadores para recorrer las distintas escenas, hacía como que al abrir la puerta de una suite, los visitantes sorprendían a una pareja haciendo el amor bajo el mullido edredón, una secuencia practicada con realismo asombroso.

En otra habitación, dos chicas en top less, metidas en un jacuzzi con burbujas, invitaban a quien pasara por allí a compartir con ellas la fiesta, aunque en estas aparecía de repente un tipo espectacular, que salía de la ducha envuelto en una toalla , se la quitaba y se metía en la bañera con todas las consecuencias.

El cumpleaños de Sarasola deja el listón muy alto. En la próxima fiesta de aniversario que se celebre por ahí, cuando saquen la tarta con las velas, los invitados se pondrán a bostezar.







Comentarios 1

#1
08-11-2019 / 12:56
David Rp
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Qué asquerosidad; hay que aplaudir este tipo de comportamiento irracional?


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