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Luis y Amina Martínez de Irujo pasan por el rito de la ablación de su imagen al cumplir los 18

Luis y Amina Martínez de irujo son niños pero mayores de edad: la ley dice que ya se les puede retratar, que podemos difundir sus caritas y enseñárselas a todo el mundo porque son nietos de la duquesa de Alba, hijos del duque de Arjona y habitan palacios, y celebran puestas de largo, y personas que rellenan su árbol genealógico están en los libros de historia porque hace tiempo ganaron batallas, apoyaron a reyes y tuvieron tantas tierras y castillos que no había esquina de España en la que no tuvieran grandes latifundios.

Por eso, pasadas las cero horas del 24 de julio y rayando ya el día de Santiago, los medios nos apresuramos a saturar la red con las caras de Luis y Amina Martínez de Irujo como por inercia, una especie de ablación de su imagen, pero sin la crueldad física de la destrucción completa de un órgano sexual, sin distinguir entre hombre y mujer. En cierto modo con forma de rito de iniciación, en una especie de competición absurda para ver quién pisa antes que nadie El Dorado, la ciudad secreta en donde ya no hay que pixelar a los niños porque hace 18 años que les parió su madre filósofa, filántropa y mexicana.

Luis y Amina nacieron un 25 de julio de 2001 en Ciudad de México, cuatro años antes de que sus padres se casaran en el palacio de Las Dueñas y seis antes de que se divorciaran. Por tanto, los mellizos de Cayetano Martinez de Irujo cumplen la mayoría de edad y como primer regalo de la prensa reciben la ceremonia sagrada del despixelado, una costumbre que les iguala con otros plebeyos como la hija de Belén Esteban, que se comía el pollo de la fama mucho antes de ser mayor de edad, la de Terelu Campos, etc.

Solo los miembros de las familias reales, en el más amplio sentido de la palabra, permanecen indefensos desde niños. Con la princesa de Asturias, su hermana la infanta Sofía, o sus primos, Froilán y Victoria Federica Marichalar Borbón, no hay contemplaciones de mayorías de edad: se les puede fotografiar, y exhibir sus caras, sus vidas y sus actividades privadas en medios.

Igual que los cuatro hijos de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, que han sufrido la humillación del castigo de su padre viéndose reflejados, sin píxeles que valgan, en revistas y medios digitales, entre los que os incluimos, porque así lo permite la ley y porque se supone deber obligado por interés público.

La propia Amina, una jovencita reflexiva según la define uno de sus tíos, adelantaba no hace mucho en la revista Vogue que a lo largo de este verano celebrará con su hermano la mayoría de edad con una puesta de largo conjunta en el palacio Arbaisenea de San Sebastián, el que su padre heredó antes incluso de la muerte de su madre, cuando la duquesa de Alba repartió en vida buena parte de su ingente patrimonio, por razones de impuestos tal vez, porque el patriotismo no está reñido con la cordura y la defensa de la propiedad.

Pero Luis y Amina ya participaron el año pasado en ese otro evento para híper pijos híper forrados, donde se dan el capricho de sentir que su sangre es azul hijos de grandes estrellas del cine o la canción, millonarios con fortunas de dudosa procedencia y, por supuesto, verdaderos nobles que en algunos casos sí poseen un rancio abolengo. Nos referimos a un negocio llamado Baile de Debutantes de París, la misma ciudad donde hace poco más de 200 años guillotinaban a María Antonieta, que hubiera ido al baile hoy en día, o a un tatarabuelo de Felipe VI conocido como Luis XVI. Allí coincidieron Luis y Amina el año pasado con gente como la hija de la actriz Reese Witherspoon o el joven Maharajá de Jaipur.

Los mellizos estudiaron en el internado Ampleforth College, en la ciudad inglesa de York y este curso se graduaron en el Runnymede College de La Moraleja. Después se supo que como tantos jóvenes en esa edad hicieron el consabido viaje por Europa en Interrail. Amina, cuya belleza se compara con la su madre, cuenta con la posibilidad de ganarse la vida, si es que le hace falta, siendo imagen de marcas, cobrando por acudir a eventos y photocalls, y por supuesto siendo influencer, aunque de momento su Instagram sigue siendo privado. Probablemente, las ideas de futuro de los niños no coincidan al cien por cien con las de sus padres. "Mi hija quiere algo relacionado con la administración y el arte, y mi hijo tiene mucho interés por la economía, la historia y la política", dijo en noviembre Genoveva a la prensa de su país.

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