Famosos

El más rico del mundo prepara su Succession: así reparte Bernard Arnault su poder tras cumplir 75 años

Hélène Mercier-Arnault y Bernard Arnault

Emmanuel Macron condecoró hace pocos días a Bernard Arnault con la Gran Cruz de la Legión de Honor de 2024, la mayor distinción que otorga el Estado francés, en un acto al que asistieron Elon Musk y Beyoncé. El presidente galo no premiaba al magnate por ser el más rico del mundo sino para reconocer su trayectoria empresarial. En España, Arnault no es precisamente uno de esos rostros famosos, de los que aparecen constantemente en portadas de revistas o despellejan a su familia en los platós de televisión.

Que no salgan las peleas, desencuentros y demás chismes no significa que no los haya y que todo el mundo se lleve a las mil maravillas. Lo que ocurre es que, a diferencia de otros guiñoles que entretienen con sus guerras familiares, los Arnault no necesitan llevarse un caché por ir a insultar a nadie a un plató o a llorar sus desgracias por unas monedas.

Bernard Arnault, un ejemplo de discreción, se casó con apenas 24 años, en 1973, con su primera esposa, Anne Dewavrin, con quien tuvo dos hijos: Antoine, director ejecutivo y vicepresidente de Christian Dior (en la imagen, junto a su padre), y Delphine, actual directora de Dior. El matrimonio aguantó 17 años; se divorció en 1990 y una año después se casó con la pianista Hélène Mercier-Arnault, con la que tiene tres hijos. Dos de ellos, Frédéric y Alexandre ocupan los cargos de vicepresidente de Tiffany y director general de Tag Heuer, respectivamente. Jean, el benjamín, es director de marketing y desarrollo de Louis Vuitton. Hay cargos para todos y dinero para todos.

Pero el dueño de LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy) es según Forbes el hombre más rico del planeta. Su fortuna le permitiría dar un millón de euros a todos y cada uno de los habitantes de Oviedo. En la capital del Principado están empadronadas unas 220.000 personas.

Bernard Arnault es tan rico que tiene la suma de las fortunas de Amancio Ortega y Bill Gates juntos. Es socio de Rihanna, firmó con la cantante la distribución de su línea de cosmética, valorada en más de 1.700 millones de dólares. Es 'jefe' de Jaime de Marichalar, juega al tenis con Roger Federer, y sobre todo dueño del lujo mundial, es decir, de marcas como Christian Dior, Louis Vuitton, Loewe, Hermes o Givenchy; Tiffany & Co, Zenith, Bvlgari, Hublot o TAG Heuer, Sephora, Kenzo Parfums o Guerlain. Suyos son los viñedos y las marcas de champagne como Dom Pérignon y por supuesto Moët & Chandon.

Succession

Dicen de él que es "meticuloso, exigente y a veces despiadado". Por eso, a sus 75 años tiene bien sentadas las bases del que será el relevo generacional de su empresa, LVMH. El pasado jueves 18 de abril el consejo de administración de su compañía -actualmente está valorada en más de 400 mil millones de euros- daba la bienvenida a dos nuevos integrantes de su familia, a sus hijos Alexandre, de 31 años, y Frédéric, de 29, que se suman así a la cúpula de poder en la que ya estaban establecidos sus hermanos mayores, Delphine -directora ejecutiva de Dior- y Antoine -presidente de Loro Piana y director general y vicepresidente del Consejo de administración del holding Christian Dior SE-, nacidos ambos de su primer matrimonio.

En el caso de Alexandre, vicepresidente ejecutivo de Tiffany, contó con el apoyo del 93,41% de los votos para incorporarse al consejo, mientras que su hermano Frédéric, que gestiona las actividades de relojería inteligente de Tag Heuer, recibió el apoyo del 93,43%. "Tengo la mayoría de los votos, así que…", dijo riendo el padre antes de las deliberaciones. Ahora mismo el único que no forma parte de la junta es Jean, el último de los cinco hermanos, que también trabaja en el imperio, aunque el magnate lo tiene claro: "Tiene tiempo, es joven". Por lo menos, tiene de margen para entrar en la cúpula cinco años, que son los que Bernard piensa seguir al frente de su imperio, ya que en 2022 amplió a 80 años la edad límite para ejercer sus funciones de consejero delegado.

Ahora, mientras tiene en marcha la apertura de una nueva boutique de Louis Vuitton en los Campos Elíseos -donde ya ha recalcado que no va a incluir un hotel, como se ha dicho en varios medios-, sus objetivos inmediatos de crecimiento están puestos en China. Para ello, el magnate ha propuesto incorporar a su junta a Wei Sun Christianson como directora para suceder a Toni Belloni, el número dos del grupo que anunció su retiro a finales de marzo, pero que seguirá siendo responsable de supervisar las actividades de LVMH en Italia. Wei Sun, que proviene del banco de inversiones estadounidense Morgan Stanley, es, según Arnault, "una gran experta en los negocios en China. Y dado que el grupo está muy establecido allí, es importante obtener opiniones precisas sobre lo que está sucediendo en este mercado tan grande. Ella hará una contribución notable y clave a nuestra junta directiva", aseveró. De hecho, tras dar a conocer que este primer trimestre de 2024 la facturación de su imperio ha descendido un 2% en parte por una desaceleración del consumo en el mercado chino, dijo en una rueda de prensa posterior a la asamblea general: "Espero que las tensiones económicas se alivien y que podamos continuar con una colaboración económica sostenida con China", para acabar vaticinando con esperanza: "Creo que China logrará reactivar la economía".

Amante del arte, de la música clásica -disfruta tocando su piano de cola-, y del tenis (le gusta compartir partidos contra Roger Federer), Bernard lleva cuatro décadas levantando con empeño su imperio. Nacido en marzo de 1949 en el norte de Francia, sus padres eran una familia acomodada que hizo un imperio en el mundo de la construcción. Tras ser buen estudiante y graduarse en ingeniería, Bernard empezó sus andaduras profesionales en su empresa familiar, aunque enseguida convenció a su padre para expandir el negocio e invertir en promociones de apartamentos turísticos en la Riviera francesa.

En 1981, casado con su primera esposa -Anne Dewavrin-, decide mudarse a Estados Unidos con ella y sus dos hijos mayores para continuar su proyecto de apartamentos turísticos en Palm Beach, Florida. Tres años después regresó a Francia y, aprovechando un bache financiero de la empresa Boussac Saint-Freres, se hizo con la marca con la que llevaba soñando desde que pisó norteamérica: Dior. A partir, su ascenso fue progresivo hasta que se hizo con el 24% de las acciones de LVMH. Luego, se dedicó a comprar marcas que fueron agrandando su imperio. En 1990 se divorció y al año siguiente se casó con la pianista Hélène Mercier-Arnault, con la que tiene tres hijos.

Paralelamente, al tiempo que crecía su familia, también lo hacía su imperio. Hoy en día no sólo ha desbancado a Jeff Bezos, Ellon Musk o Bill Gates, es que su liderazgo continúa inalcanzable. No en vano, el pasado mes de marzo el presidente francés Emmanuel Macro condecoró a Bernard Arnault con a más alta distinción de Francia, la Gran Cruz de la Legión de Honor, en presencia de celebridades estadounidenses como la cantante Beyoncé y el propio Ellon Musk. Esperemos que los méritos de LVMH sigan acumulando condecoraciones cuando sus hijos tomen el relevo absoluto de la compañía. Pero para eso faltan, por lo menos, cinco años. Hasta entonces Arnault piensa seguir siendo exigente -y a veces despiadado- en la lucha por su liderazgo.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud