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Carolina, trátame bien, no te rías de mi: la cara B de la noche prefabricada de Pantoja en Mónaco

No es insólito en estos tiempos que las noticias se fabriquen precisamente para ser contadas. El extraño caso de Isabel Pantoja en Mónaco es un claro ejemplo. Antes, las cosas pasaban y salían en la prensa. Ahora, se generan informaciones con el fin de llenar portadas. La presencia de la tonadillera en Montecarlo es en realidad un artificio para justificar su resurgimiento sin que ella tenga que recurrir a las broncas familiares para armar su relato y justificar el caché de una exclusiva.

Pero claro, los tentáculos de los muñidores de la operación Montecarlo no son suficientes como para que los Grimaldi se acerquen a la artista y posen para la foto. Lo intentarán y si lo consiguen tomaremos nota. Pero hasta donde sabemos, Carolina no ha tratado bien a Pantoja. Más bien es que ni se ha enterado de que estaba allí. Esta historia tiene una cara B.

Un selfie por 850 euros

Por cierto que, salvando a la familia reinante, que este sábado trabajaba, una vez vista la lista de los personajes que desfilan, llegamos a la conclusión de que el Baile de la Rosa tiene cierto aire decadente, una especie de versión monegasca a lo Berlanga, pero cambiando los turistas que visitaban el palacio del marqués de Leguineche de la Escopeta Nacional por los que se apuntan por 850 euros a la cena para hacerse un selfie con el logo del baile y a 200 metros de Carolina. Eso sí, con el consuelo de que la recaudación es para la Fundación Princesa Grace, con fines filantrópicos y solidarios. A le mejor hasta desgrava.

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Pero todo tiene su explicación. La tonadillera sevillana no quería dar una exclusiva respondiendo los impíos ataques de su hijo. Eso hubiera despertado interés y justificado una jugosa entrevista pero habría supuesto entrar en el juego sórdido del insulto y la descalificación, perder el señorío que le queda, ponerse a la altura de la pachanga telecinquera, alimentando así una nueva batería de respuestas de Kiko Rivera, que está canino de pasta y más desde que sufre el veto impuesto por Mediaset a su presencia.

Ya no puede ir cada dos por tres a ver a Jorge Javier Vázquez y llamar "ladrona" y "mala madre" a la mujer que le trajo al mundo y que le dejó o le hurtó (según él) esa herencia envenenada, la más debatida en televisión. El Dj, más recuperado del accidente cerebrovascular que sufrió el pasado 20 de octubre, negocia ya, apoyado en este resurgimiento de madre, una intervención pagada en un conocido medio de comunicación. No lo tiene fácil y tendrá que bajar el precio que cobra por despotricar. 

Pero Isabel Pantoja tampoco va sobrada de dinero. Tiene abiertos varios frentes y deudas que pagar y una finca que mantener. La gira americana da para lo que da. Necesitaba la viuda de Paquirri, la viuda de España, estar en una portada y cobrarla, tal vez en dos, y para eso hay que armar una excusa que justifique un buen caché si no estás dispuesta a poner a parir a alguien, o te has echado novio, o te vas a casar, o vas a llorar por algo, o, en fin, tienes algo que contar que no sea que estás triste o encantada contigo misma y que sentiste mucho la muerte de tu madre. Doña Ana María Martín Villegas falleció a los 90 años hará dos años en septiembre.

Hay que alabar la creatividad de los profesionales encargados de fabricar la noticia, y tal vez la labor de Agustín Pantoja, denostado por muchos pero auténtico mánager y representante de su hermana, aunque cuenta la cantante con otros asesores. La mera presencia de Isabel en la portada de Hola es noticia y marca agenda, alimenta programas y mueve el avispero de la cosa rosa. Todos ganamos, pero Pantoja no puede dejar escapar su parte de la tarta por entretenernos en la pelu mientras hojeamos su bolo monegasco, con preciosa portada, aunque no la más elegante de las muchas que el semanario ha dedicado a Mónaco.

Basta un empujoncito para excusar esa presencia de Isabel en la primera página del semanario que suele visitar para hacer caja: una buena sesión de fotos, y poco más. El reportaje gráfico, efectivamente, es extraordinario; el semanario se pinta para esas cosas, como todo el mundo sabe. Faltaba esa guinda del Baile de la Rosa para redondear la jugada, para tener noticia.

La historia ya contada de cómo le llegó a Isabel su invitación para ir a cenar a Mónaco tiene un no sé qué de artificio. Por resumir, no es verosímil que el verdadero motor que ha impulsado todo este follón de la Pantoja en Montecarlo sea la admiración que la mamá de Isa P. siente por la cantante galesa Shirley Bassey

La inverosímil versión oficial

La versión oficial dice que Isabel quería conocer a la británica octogenaria, autora de tres canciones de películas de James Bond, y de la que la sevillana versionó su tema This is my life. Ese deseo de la tonadillera llevó a Agustín Pantoja a llamar a su amigo transformista y transmitirle el capricho de su hermanísima. El catalán Manel Dalgó, con casa en Mónaco y muy bien relacionado en el principado, es amigo de la cantante galesa, de 86 años, se pone las pilas y le saca a su marido millonario, el empresario alemán Thomas Schmieder, el pastizal para traerse hasta Montecarlo a Isabel, y a su hermano, además de buscarle un traductor, porque Isabel solo habla español, eso sí, con el exquisito acento trianero. La meten en el hotel Monopole, un cinco estrellas (aunque tiene habitaciones asequibles), les pagan los dos cubiertos, a razón de 850 euros barba, y les buscan una mesa con su amiga británica, la de las canciones de James Bond. A todo esto, el evento coincide casualmente con el final de la gira de americana de Pantoja; y Hola se anima a pagar a Isabel Pantoja un avión privado, el vestido, y lo que surja. Ya tienen una portada vendedora. Tal vez más.

La cara B

Para empezar, se nos hace raro, conociendo a Isabel, que esta señora salga de Cantora gratis ni para hacerse las uñas. También nos parece extraño, por mucha admiración que Pantoja sienta por Shirley Bassey, que para conocer a esta artista y proponerla hacer duetos se suba a un avión, aunque sea privado, se vaya a Mónaco, se ponga unos vestidos de gasa, pose en un Photocall, salude sonriente, y cene en una mesa a años luz de distancia de Carolina de Mónaco, y se vuelva a su finca de 500 hectáreas y 2.000 metros cuadrados construidos en Medina Sidonia para por fin descalzarse, desmaquillarse y echarse en el sofá a ver a su hija en algún programa. Ni de coña.

Aquí lo que mueve y ha movido siempre a Pantoja son los billetes. Y la cara B de esta historia consiste en cambiar la causa-efecto de la historia: buscamos una excusa que te cuadre de fechas para que tengas algo que contar, te hacemos una fotos y nos lo cuentas. Dicho y hecho. Por cierto, para gustos se inventaron los colores. Pero vestirse de rosa con rosas gigantes para ir al Baile de la Rosa es más básico que el mecanismo de un chupete. A eso le podían haber dado una vuelta.

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