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Cómo logró Pantoja su invitación al Baile de la Rosa de Mónaco, escaparate del blanqueo de imagen

Isabel Pantoja ha conseguido pasar de ser una delincuente, cuya pena ya cumplió, y de concursar en Supervivientes (para sobrevivir), a presumir de estar este sábado en el Baile de la Rosa, uno de los eventos más importantes del Principado. No obstante, que el brillo de los diamantes no nos ciegue. No olvidemos que al fin y al cabo Mónaco es, más allá de su fachada del lujo y glamour, tierra de tahúres, pronazis y ladrones de guante blanco.

De momento, Isabel Pantoja, unos meses mayor que su anfitriona Carolina, ha logrado apuntarse un tanto, una percha para cobrar un par de exclusivas del Hola, y tal vez darse un baño de blanqueo de imagen en un lugar donde manejan el lavado mejor que en ningún otro sitio. ¿Cómo lo ha hecho? 

El transformista Manel Dalgó y su marido Thomas Schmieder son los culpables de que Isabel Pantoja esté en el Baile de la Rosa de Mónaco este sábado. ¿Cómo llegó una invitación a la viuda de Paquirri? Para entenderlo hay que explicar varias cosas.

Manel Dalgó, residente en Mónaco y muy bien relacionado en el principado, es un verdadero icono del transformismo, amigo de Agustín Pantoja y marido del empresario Thomas Schmieder, además de director artístico del mítico local Chez Nous, situado en Berlín y propiedad de su esposo. El artista catalán, referente del colectivo LGTBI, pasó de vender helados en bicicleta por Barcelona a convertirse en una celebridad. En Montecarlo tiene un apartamento en La Tour. Él es el artífice de la presencia de Isabel Pantoja en el Baile de la Rosa este sábado. 

En el mítico Chez Nous berlinés hizo su primer streptease hace sesenta años Amanda Lear (por entonces conocida como Peki d'Oslo). Marlene Dietrich pasó por allí y Michael Caine rodó Funeral en Berlín en 1966, un thriller sobre espías en la guerra fría dirigido por Guy Hamilton.

Pero para espías, James Bond: la cantante que ha llevado, de alguna manera, a Isabel Pantoja a Mónaco es Shirley Bassey (Cardiff, 1937). La galesa, de 86 años, es conocida mundialmente por ser la intérprete musical que más veces ha cantado una canción en un filme de la saga del agente del servicio secreto británico creado por Ian Fleming. En concreto, interpretó el tema principal en tres películas: Goldfinger, Moonraker y Diamantes para la eternidad.

Agustín, hermano de Isabel Pantoja, se puso en contacto con su amigo Dalgó porque la madre de Kiko Rivera quería conseguir una cita con la cantante Shirley Bassey, íntima del transformista. El catalán decidió entonces invitar tanto a la sevillana como a su bro Agustín al Baile de la Rosa para que hicieran realidad ese sueño. "Hacer feliz a la gente me hace feliz a mí", nos dice Dalgó. Otra cosa es que Isabel pueda hablar con Carolina de Mónaco: "Eso ya no está en nuestras manos", se justifica el promotor de este viaje de Pantoja al corazón de la Costa Azul. Isabel es probable que no pueda ni acercarse a Carolina; eso sí, compartirá mesa con su admirada Shirley Bassey.

Manel Dalgó no tiene pelos en la lengua y cree que Carolina "es muy pija y áspera". De Estefanía asegura que es "muy divertida, humana y sencilla", además de "buena madre". Enrique del Pozo dirigió un documental sobre la vida de este genial transformista, The Man Behind the Woman (2015). 

Tierra de nazis pero maestros del blanqueo de personas e instituciones

Dicen que los Grimaldi, que llevan casi un milenio en la roca, son víctimas de una maldición. Supersticiones aparte, la tragedia se ha cebado con la familia en la historia contemporánea de la dinastía. Son tristemente conocidos los fatales accidentes que acabaron con la vida de Grace Kelly o Stéfano Casiraghi. El padre de tres de los hijos de Carolina murió con solo 30 años el 3 de octubre de 1990 en aguas de Montecarlo a bordo de su embarcación Pinot di Pinot, cuando participaba en el mundial de off-shore. La noticia pilló a la princesa en un salón de belleza. Guardó luto seis años. Además de las tragedias, constantes rupturas amorosas, hijos extramatrimoniales, la extraña situación de Charlene y escándalos de envergadura han asolado al clan monegasco.

Pero los Grimaldi han sido verdugos además de víctimas. Estuvieron del lado de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, y hasta que la contienda se decantó a favor de los aliados, deportaron judíos y sirvieron de apoyo logístico y base de submarinos al ejército del Führer. Luis II, abuelo de Rainiero y por tanto bisabuelo de Alberto de Mónaco, Carolina Estefanía, aprobó leyes antisemitas y participó en la deportación de 76 judíos extranjeros llevada a cabo por la Alemania nazi. La policía monegasca detuvo a los judíos que habían ido a refugiarse en el Principado. 

El microestado se proclamó neutral al comienzo del conflicto, pero mantuvo sus lazos financieros (¡el dinero!) con el Tercer Reich; un vínculo que había comenzado en 1936, cuando el ministro de Finanzas alemán Hjalmar Schacht visitó al Príncipe para establecer un acuerdo financiero. A través de Mónaco, la Alemania nazi eludió los embargos impuestos por los aliados. En junio de 1940, Luis II  se aproximó al gobierno colaboracionista de la  Francia ocupada. 

El joven Rainiero, con apenas 20 años, purgó entonces los pecados familiares, se encomendó a Santa Devota, y se enroló en el bando de los buenos mientras el aparato de imagen del Principado se encargó de proclamar las hazañas del heredero a los cuatro vientos y de llenar al soldado de sangre azul de medallas y distinciones para disfrazarlo de héroe de guerra.

Fue solo cuando la guerra estaba perdida para los nazis, a finales de 1944, cuando el príncipe heredero Raniero no tuvo más remedio que cambiar de bando y blanquear las simpatías y crímenes patrocinados por los antiguos amigos de su abuelo, los de la esvástica, y se unió al ejército francés en el 7.º Regimiento de Fusileros Argelinos de las tropas francesas de África.

Después, el blanqueo y la operación de imagen se consumó, en abril de 1956 (cuatro meses ante de nacer Isabel Pantoja), con la boda de Rainiero y la actriz norteamericana Grace Kelly, una celebridad mundial que dejó su carrera estando en la cima a los 26 años para amar a su marido, darle tres hijos, embellecer el microestado y convertirse en Alteza Serenísima.

Hasta seis años después de aquel mediático enlace, que borró el pasado nazi y colaboracionista de Mónaco, las mujeres no podían votar en el principado, derecho que se les otorgó en 1962. Como la historia pone de manifiesto, Mónaco maneja con maestría el arte de la imagen y el blanqueo de personajes e instituciones, y otorga con su escaparate el máximo glamour a quienes se exhiben en el lujo de Montecarlo. Al fin y al cabo, Isabel Pantoja fue juzgada y condenada en el año 2014 por la Audiencia de Málaga por un delito de blanqueo de capitales, iniciando quizás el período más terrible de su vida, desde que, en septiembre de 1984, una cornada del asesino Avispado hirió de muerte en la plaza de toros de Pozoblanco al padre de su hijo, un hijo que la ha insultado públicamente en repetidas ocasiones, a veces con saña y cobrando por sus ataques. Los niños, lo que ven en casa. La muerte de su madre, Doña Ana, a los 90 años, en septiembre de 2021, la dejó aún más sola y en una situación económica complicada. Ahora, resurge de sus cenizas, ha abandonado su encierro de Cantora para iniciar una minigira por Estados Unidos y hasta se va a Mónaco de fiesta.

Sin duda, la tristeza que embarga a Isabel Pantoja, y que le impide estar alegre, este sábado desaparecerá aunque sea por un rato. La jugada es buena: Hola es su hada madrina, paga el avión privado, la exclusiva de esta semana, la de la siguiente, y hasta el vestido. El cubierto de ella y de su hermano los abonan el amigo transformista y su marido millonario. Al menos veremos la sonrisa reaparecer en su rostro trianero. Ya sabemos desde hace años que lo que más le gusta a Isabel es presumir y dar un poquito de envidia, sea bailando con Carolina de Mónaco o paseando del brazo con el alcalde de Marbella. Dientes, dientes.

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