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Los retoques de Tamara Falcó de cara a su boda con Íñigo Onieva

Tamara Falcó trabaja a contrarreloj en los preparativos de su boda. Ella misma habla del estrés que le produce intentar ocuparse de cada detalle, dirigir el diseño de su traje de novia y al mismo tiempo, atender sus compromisos profesionales.

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El último, como ya hemos publicado, asistir al desfile de Pedro del Hierro, este jueves, primer día de la semana de la moda en Madrid. Algunos de los modelos que salieron a la pasarela eran suyos, Tamara es colaboradora habitual de la firma, pero nunca habían aparecido en un desfile cara al público. Junto a ella, su prometido Íñigo Onieva comparecía oficialmente junto a su novia, por primera vez después de su reconciliación.

Ambos estaban tranquilos, demostrando su amor y complicidad, pero llamó la atención el sutil cambio físico de la marquesa de Griñón. Su cara, con más volumen de lo habitual, no parece que sea producto de unos kilos de más. Las novias cuidan su figura desde meses antes de la boda por el riego de que, llegado el momento, no les sirva el vestido que llevan meses confeccionando para ellas.

Tamara se ha hecho unos arreglos estéticos que una doctora especialista ha detectado inmediatamente para Informalia. "Se ha puesto más pómulos, sobre la grasa que ya se había infiltrado mucho antes. Seguramente lo que ahora le han inyectado es ácido hialurónico, o endoret, que es plasma, en las comisuras de la boca, en la nariz, y además botox", añade esta experta.

La primera incursión de la hija de Isabel Presyler en el quirófano fue hace bastantes años, cuando el doctor catalán Javier de Benito le hizo una rinoplastia que le dejó una nariz perfecta y proporcionada. De Benito es el mismo médico que operó a Carmen Borrego cuando la hija de María Teresa Campos decidió hacer su gran cambio de imagen.

El problema de Tamara Falcó es que pueda ser víctima de los excesos en los que suelen caer las personas que son mayores que sus parejas, buscando siempre una imagen de juventud. Es el caso realmente patético de Madonna, visible en su última aparición en los Grammy, totalmente deformada y nada favorecida, por cierto. Madonna, de 64 años, es 35 años mayor que su actual novio, de 28 años. Pero en lugar de afrontar esa diferencia con naturalidad, sus esfuerzos por parecer más joven a golpe de bisturí y distintas infiltraciones la hacen parecer casi grotesca.

Tamara Falcó cumplirá 42 años el próximo noviembre, mientras Íñigo Onieva tiene 33, nueve menos. Ella está muy guapa, joven, porque lo es, y no necesita usar y abusar de productos excesivos para mantener su belleza. Suele ser una carrera adictiva que solo conduce al exceso y al artificio. Su padre, el marqués de Griñón, también luchó por rejuvenecerse cuando estuvo con Esther Doña. De sus retoques el más evidente fue el injerto de pelo, aunque no fue el único. Vargas Llosa, el ex de la madre de Tamara, también se cuida y, aparte de sus tres semanas de ayuno y purificación en un conocido centro marbellí, en Madrid visita a un iraní que le cuida la piel.

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