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¿Quién contamina más? ¿Quién ganará: Julio César Messi o Astérix Mbappé? ¡Están locos estos humanos!

El hombre que más miedo tiene a la colosal capacidad de Lionel Messi para perforar porterías se llama Hugo Lloris y además de ser el guardameta encargado de parar los goles del crack y sus compañeros, es el capitán de la selección francesa.

Veterano de 36 años y casi coetáneo del 10 albiceleste, un unos meses más joven, ha elogiado al ex barcelonista como una "leyenda del fútbol" antes de la final de este domingo. Pero, a diferencia del hombre considerado con frecuencia el mejor jugador del mundo y sin duda uno de los mejores de todos los tiempos,  Hugo Lloris tiene ya colgada una medalla de campeón del mundo mientras que el de Rosario no. El empeño del arquero francés y todos sus compañeros, por no decir todo el país, es precisamente evitar que Messi sea campeón del mundo. 

"Por supuesto que sabemos lo que Messi significa para la historia del fútbol, pero es un partido entre Argentina y Francia. El partido es demasiado grande como para centrarse en un solo jugador", nos dice el portero galo, consciente de que mucha gente espera que Messi consiga su primer Mundial. "Sabemos que los franceses están con nosotros, no nos importa nada más. Pocos creían en nosotros, pero ahora volvemos a estar en la final. Lo daremos todo para volver a ganar este partido", afirmó.

Pero no es así. Medio planeta o tal vez más gente, va con Argentina, tal vez porque después de ver lo que hizo Lionel Messi en el partido contra Croacia, haya que rendirse a la verdad: es un genio, es un Dios, merece esa medalla. Pero hay un reducto de aficionados que no va con Messi. Como diría René Goscinny, el padre de otro héroe tan galo como Astérix, "un pequeño pueblo pueblo aún resiste al invasor". Sí, los galos son los únicos que aún no han sido invadidos por la arrolladora superioridad técnica del Julio César del fútbol, el emperador llegado del otro lado del Atlántico.

Junto con Astérix, y toda Francia, se sitúan muchos madridistas, encantados de disfrutar del espectáculo de un enfrentamiento tan fabuloso, pero esperanzados con que Messi, el arma secreta que desde el Barcelona les ha hecho la vida imposible mientras estuvo allí, obtenga su castigo: no ser campeón del mundo. Tampoco les hace gracia a los del Real Madrid que Mbappé, el genio que les despreció y les vaciló, sea campeón, pero al fin y al cabo el joven veinteañero ya tiene esa medalla colgada, aunque sea casi 12 años más joven que Messi. Y además, en la selección gala hay otros madridistas. Messi tiene un objetivo claro, obvio: conquistar el último título que le falta en sus vitrinas, mientras que Mbappé puede lograr su segundo Mundial con tan solo 23 años.

Messi lo ha ganado todo menos este torneo y eso le impide contar con lo que llamamos un palmarés impoluto. Mbappé puede presumir de haber tocado la Copa del Mundo y además, siendo tan joven, no es descartable que  se hiciera con otra, con lo que igualaría el récord de Pelé. Una leyenda sin discusión. 

¡Están locos estos humanos!

Decían Astérix y su amigo el obeso Óbelix aquello de "están locos estos romanos" y ahora podríamos parafrasear el claim esscribiendo que ¡están locos estos humanos", que ponen el espectáculo del fútbol por encima de la dignidad humana y de cualquier valor moralmente defendible. Pero es así: el debate de si ganará Messi o ganará Mbappé es el que manda a pocas horas de la gran final. Ya habrá tiempo de volver a reflexionar sobre que en el país donde tiene lugar el Mundial se mean en los derechos humanos, esclavizan a los trabajadores, humillan a las mujeres, condenan a los homosexuales y sobornan al parlamento Europeo.

La maloliente FIFA y sus secuaces sabían que al final la pasión por el fútbol se impondría, por mucho hedor a podrido que suelte este Mundial de Qatar, desde que Platini, Sarkozy y demás corruptos organizaran hace una década, contra viento y marea, el evento de la vergüenza, además de colocarles a los catarís el PSG (de Messi y Mbappé, por cierto).

Las audiencias son la mejor prueba de lo más obvio. Miles de millones ven los partido y apenas unos cuantos han leído Qatar. La perla del Golfo, el libro de de Ignacio Álvarez-Ossorio e Ignacio Gutiérrez de Terán, o el documental Qatar. El Mundial a sus pies.

Argentina-Francia se enfrentan en una de las grandes batallas de la Historia de los Mundiales. Messi ya sería un poco Maradona pero sin cocaína, y Mbappé sería un serio candidato a ser el mejor futbolista de todos los tiempos si la edad y las lesiones se lo permiten. 

Como aviones

Tal el la expectación que ha levantado el enfrentamiento que ha habido medios que han comparado al francés y al argentino hasta por sus aviones privados como reportaje previo a la final de las 16 h, hora peninsular. Porque Lionel Messi y Killian Mbappé, compañeros a sueldo de Qatar en el PSG, cuentan ambos, como es sabido, con desorbitados sueldos, además de millonarios ingresos por derechos de imagen y publicidad; y por supuesto tiene jets privados.

El argentino tiene un Gulfstream V y el francés alquila un Challenger 350. Cristiano Ronaldo, uno de los grandes perdedores de este mundial, posee un Gulfstream 650, valorado en más de 60 millones de euros. Neymar, Ibrahimovic o Gareth Bale también disfrutan del lujo de poseer su propio avión.

Mbappé, al igual que Messi y otros de sus compañeros, ha sido blanco de críticas por los poco ecológico de este lujo de ultramultimillonarios, como muchos jugadores del PSG. En septiembre, el entrenador del equipo, Christopher Galtier, y el propio Mbappé se mofaron de la sugerencia de un directivo de la compañía ferroviaria francesa SNCF para que utilizaran el tren en lugar del avión para ir a jugar contra el Nantes, un desplazamiento de menos de 400 kilómetros. El ministro de Economía y Finanzas galo, Bruno Le Maire, censuró la actitud de ambos y les advirtió que iban a introducir leyes para limitar el uso de este tipo de aeronaves tan contaminantes. Abajo, el Bombarder.

Messi ha sido muy criticado porque es muy poco ecológico y menos sostenible usar un Gulfstream V, por el nivel de C02 que generan sus constantes movimientos. Su jet privado demitió en sólo 3 meses más de 1.500 toneladas de CO2, lo mismo que genera un francés medio en 150 años, según avanzó L'Equipe.  El avión, que también utilizan sus familiares y amigos, llevó a cabo 52 viajes por todo el mundo en apenas dos meses, entre el 1 de junio y el 31 de agosto. Messi, ajeno a estas críticas, disfruta de su lujazo, y lo paga con un leasing que puso en marcha el año 2018. El jet está valorado en más de 14 millones de euros, según ha valorado El Español, y puede realizar viajes transoceánicos gracias a su autonomía de casi 10.000 km. A casi mil kilómetros por hora, Messi puede llevarse a 15 personas (el avión tiene 16 asientos ejecutivos, que se pueden convertir en ocho camas. Cada una de las dos zonas en las que se divide dispone de baño con ducha, cocina completa, fregadero, tomas de corriente, mesas plegables, TV vía satélite y sistemas de entretenimiento). En la cola del avión se ve el número 10, el que figura en su dorsal desde los tiempos del Barcelona y las escaleras de ascenso y descenso de los pasajeros están grabados los nombres de Antonella, su mujer, y de sus hijos Thiago, Ciro y Mateo. Abajo, el avión de Messi por dentro.

Kylian Mbappé disfruta de avión privado gracias a su contrato multimillonario, según Football Leaks: el jugador pidió poder utilizar un jet privado durante 50 horas al año a expensas del club. Y así lleva disfrutando del placer de moverse por el mundo desde tenía 19 años, cuando fichó en por el París Saint Germain. El jet corporativo Challenger 350 Bombardier cuesta 6.600 euros la hora. Dispone de la cabina más grande de su clase, "con unos acabados exquisitos y un estilo elegante, un diseño de suelo plano y un acceso seguro al equipaje en todo momento, ofrece un alto nivel de estilo y confort", según reza la web del fabricante. El avión de Mbappé puede llevar 10 pasajeros. Sus dos motores le permiten volar a una velocidad máxima de 840 km/h y cuenta con la suite de aviónica Pro Line 21, una de las más avanzadas del mercado. Abajo, un Gulfstream.

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