El concierto de Enrique Iglesias en Arabia Saudí vuelve a cuestionar la moralidad de algunos artistas cuando actúan, o se niegan a hacerlo, en países que atentan gravemente contra los Derechos Humanos. Shakira, Rod Steward o Dua Lipa rechazaron cantar en el Mundial de Qatar, por la tiranía de aquella nación con las minorías religiosas o sociales, el colectivo LGTBIQ+ y las mujeres.
Pero mucho se discute todavía, sobre la asistencia al Mundial de fútbol, como una forma de complicidad con un régimen dictatorial que considera a las mujeres, seres humanos de tercera división, totalmente sometidas a la voluntad de de los hombres, y condena a los homosexuales como delincuentes.
En realidad, si es que hay un error en acudir o no a los partidos de un país sin libertades, en el que los trabajadores extranjeros son tratados como esclavos, no está en los aficionados extranjeros que acuden a ver fútbol. En todo caso, habría que responsabilizar al poderoso lobby del fútbol, que ha elegido el emirato para celebrar el campeonato en pleno invierno, rompiendo el calendario de la Liga y trastocando el ritmo deportivo de los jugadores.
Dicho esto, llama la atención, el trato desigual que reciben otros países del Golfo, donde la situación de las libertades civiles y la intransigencia religiosa es todavía más dura, hasta límites insufribles, especialmente para las mujeres. Hablamos de países donde ellas no pueden vestir con libertad porque tienen la obligación de no exhibir ninguna parte de su cuerpo. No pueden casarse ni divorciarse libremente, sin el permiso de su tutor o padre. No pueden abandonar su hogar aunque sean maltratadas. En países donde incluso sufrían lapidaciones hace no muchos años, la última conocida en 2015.
Hablamos de Arabia Saudí. Es el país donde manda con poder absoluto, el príncipe Mohamed Bin Salman, heredero al trono y gobernante de facto, el mismo que según informes de la CIA ordenó el asesinato del periodista Yamal Kashoggi en 2018, lo que valió la repulsa en todo el mundo al príncipe MBS, "persona non grata" durante varios años, hasta que el poder de su inmensa fortuna, volvió a rehabilitar al príncipe al que algunos países, como Estados Unidos, calificaron de asesino.
Estos días se celebró en Arabia Saudí un Congreso Mundial de Turismo, y el invitado sorpresa fue Enrique Iglesias, que actuó para los asistentes, presididos por el ministro de Turismo del país. El hijo de Isabel Preysler y Julio Iglesias no tuvo ningún inconveniente en cantar en una de las naciones más cuestionadas del mundo, a cambio de un caché multitudinario. Eso sí, las chicas de su coro, iban esta vez cubiertas hasta los pies, con una indumentaria oscura que ocultaba los atractivos de su cuerpo. El dinero lo puede todo, los petrodólares, también.

Hace un mes, Enrique cantó también para un público multitudinario en Qatar, poco antes de iniciarse el Mundial. Entre los invitados, su hermana Tamara Falcó, que esta vez, no pronunció ningún alegato en favor de la Virgen María, la fe cristiana y la familia tradicional. Por si acaso.