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El "Soy Giorgia" de la ultraderechista italiana Meloni, ganadora de las elecciones: una joven llamada Calimera que da para una serie

La líder del partido ultraderechista Hermanos de Italia (FdI, por sus siglas en italiano), Giorgia Meloni, ha ganado las elecciones en Italia y se perfila como la primera ministra del país, lo que la convertiría en la primera mujer al frente del Gobierno. Este es el perfil de Meloni, que acapara este lunes 26 de septiembre todo el protagonismo en Italia y en Europa.

La líder de los ultras Hermanos de Italia, llamada al poder coaligada con Matteo Salvini y Silvio Berlusconi, tuvo sus primeros contactos con el Frente de la Juventud, los cachorros del postfascismo italiano, cuando tenía 15 años. Aquella muchacha menuda y de mirada severa, emprendía una carrera consagrada a la política que ahora, tras dominar a todos los hombres de sus filas, llega a su más elevado desafío: ser la primera mujer en conquistar el Gobierno de Italia.

La vida de Giorgia Meloni (Roma, 1977) está marcado por el indeleble sello del abandono. Su madre, Anna, tuvo que criarla sola, junto a su adorada hermana mayor, Arianna, después de que su padre las desamparara marchándose a las Islas Canarias. "Debo todo a mi madre, mujer de voluntad, culta, que tras la coraza que viste para afrontar la vida esconde un alma frágil", reconoce en sus memorias, de 2021.

La suya era "una familia herida", una madre y dos niñas bajo el techo de un apartamento de la Roma. Como consecuencia de un incendio por una vela que las hermanas dejaron encendida en su habitación, tuvieron que dejar el piso. "Nos vimos en la calle", recuerda. La señora Anna logró vender lo que quedaba de la vivienda y mudarse al barrio obrero de Garbatella, donde por azares del destino entró en contacto con la política, a la que dedicaría su existencia.

Meloni adoraba la música, desde los cantautores italianos a Michael Jackson, devoraba las páginas de El Señor de los Anillos y no esconde que sufrió acoso escolar.

A los 15 años, llamó a la puerta blindada del Frente de la Juventud, la organización juvenil del antiguo Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por los últimos fascistas.

La muchacha, siempre contraria a celebrar el Día de la Liberación del nazifascismo por verlo "divisivo", inauguraba su militancia un verano de 1992 incandescente, mientras la Primera República colapsaba bajo el peso de la corrupción y las bombas de la mafia.

Su vida consistía en fines de semana de activismo, con el nombre en clave de 'Calimera' para despistar a las bandas callejeras de izquierda, y trabajos de niñera o camarera para llevar dinero a casa.

En 1996, cuatro años después, la joven, ya conocida por su dureza dialéctica, se alzaba como líder nacional de "Azione Studentesca", el movimiento juvenil de Alianza Nacional, nuevo rostro del MSI, con la que fue elegida consejera provincial en Roma.

Su ascenso fue meteórico, pasando por encima de todos los hombres, hasta que con 29 años llegó a la Cámara de Diputados, de la que fue vicepresidenta hasta 2008, cuando fue nombrada ministra de Juventud por Berlusconi.

El auge de esta mujer de voz honda, melena rubia y mirada heladora coincide con su presidencia, desde 2014, de Hermanos de Italia, nuevos herederos del MSI, con los que prepara su conquista del país.

En 2016 intentó ser alcaldesa de Roma, sin éxito, pero obtuvo gran popularidad haciendo campaña embarazada de su única hija, Ginevra, fruto de su relación con el periodista Andrea Giambruno.

Desde entonces su protagonismo no ha hecho más que aumentar (en las elecciones de 2018 obtuvo un triste 4 %). Su éxito deriva de la explotación del descontento de la pandemia y su papel como única oposición a la difunta coalición de unidad nacional de Mario Draghi.

Su punto álgido llegó cuando, en octubre de 2019, se asomó ante miles de personas en la plaza de San Juan de Letrán, feudo sindical, para proclamar: "Soy Giorgia, soy mujer, madre, italiana y cristiana y no me lo quitarán", en ataque directo a la legislación homosexual. Dos jóneves tomaron su discurso, la mezclaron con música electrónica y, sin quererlo, la elevaron a icono pop. Toda Italia bailaba y difundía aquel tema pegadizo.

Sus rivales, sostiene, son los "burócratas" de Bruselas, el colectivo LGBT o la "izquierda de salón", mientras admira a la Rusia de Vladimir Putin por compartir el "sistema de valores europeos, defender el cristianismo y combatir el fundamentalismo islámico", aunque promete "lealtad" a Occidente.

Su ideario lo aclaró en un acto electoral de Vox en Marbella (Málaga): "No hay mediaciones posibles, se dice sí o no. Sí a la familia natural, no al lobby LGBT; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islámica; sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva". Giorgia Meloni se estaba presentando al mundo.

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