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Alarma ante el estado de ánimo de María Teresa Campos, suplicando una oportunidad y rota por no tener trabajo: "Me está haciendo mucho daño"

"Yo necesito trabajar, porque ese trabajo, aunque sea un poquito, llena mi vida y no estoy en mi casa sentada. No me quiero poner a llorar. A mí eso me está haciendo mucho daño", decía María Teresa Campos en un grito de desesperación en una entrevista televisada hace días. Desde entonces, la situación no ha mejorado.

Ha sido una de las comunicadoras más importantes de este país pero desde el final de Qué tiempo tan feliz, que fue retirado de manera repentina, todo cambió para la presentadora. Y eso que María Teresa Campos, a sus 81 años, se resiste a tirar la toalla y ha pedido volver por activa y por pasiva. Sin embargo, Vasile, su último jefe, le cerró las puertas de la cadena y ya nunca más se las ha vuelto a abrir. Aventuras efímeras como aquel minibús con Isabel Díaz Ayuso, alguna intervención suelta o un Deluxe, donde en se la ha sacado de quicio, pero poco más. La matriarca de las Campos pedía trabajo porque se veía con capacidad para seguir conduciendo un programa o al menos una sección haciendo entrevistas. La periodista le dijo a Anne Igartiburu en Telemadrid que estaba sufriendo mucho por la falta de actividad.

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Pero, según cuentan a Informalia, "ya se ha dado cuenta de que esa oportunidad que pide a gritos no va a llegar". Tanto es así que, esta misma persona de su círculo más íntimo nos asegura que María Teresa "arrastra una tristeza que no es capaz de superar". Según nos cuentan personas muy cercanas a ella, Teresa se encuentra en un "momento delicado", "se siente sola y olvidada", y aunque, "de vez en cuando, recibe la visita de algún amigo, sus días se le hacen eternos". "Ella no sabe estar sentada en un sofá sin hacer nada. Juega a las cartas, ve la tele, poco, y sale a pasear en coche con su fiel chófer Gustavo, su persona de confianza. Es él quien está al pie del cañón porque Carmen Borrego y Terelu Campos aparecen poco por su casa", nos cuentan. Y apuntan: "Terelu, algo más, porque vive al lado y Teresa va allí a pasar con ella un día del fin de semana, pero poco más".

Además, María Teresa echa de menos su casa de Molino de la Hoz, en Las Rozas, noroeste de la comunidad de Madrid. Ese inmueble era enorme y podía pasar por el jardín o darse un baño en la piscina. Ahora, en su casa de Aravaca, aunque no es pequeña, poco puede hacer. Sus hijas, nos apuntan, "están preocupadas". En poco tiempo ha dado un "bajón grande". Y lo peor, nos aclaran, "es que ella también se ha dado cuenta".

Además si hay algo que le preocupa es el futuro de sus hijas. De momento están en Sálvame, pero ninguna puede estar tranquila. El programa vive sus horas más bajas y, tal y como adelantó este portal, en breve sufrirá algún recorte significativo que podría afectarlas.

Carmen lucha por lograr ser directora de algún programa, algo que ha hecho durante más de 20 años, pero tampoco tiene suerte. Nadie le ha abierto la puerta. Y Terelu, tras un pequeño espacio en Telemadrid, que apenas duró una temporada, se ha visto obligada a volver al cortijo de Jorge Javier Vázquez, donde recibió las críticas más voraces.

Todo esto le afecta muchísimo a Teresa, que se pasa los días pensando. Su nieta Alejandra también va a visitarla, y juega con ella a las cartas, como ha mostrado recientemente. De hecho, la imagen que subió a sus redes sociales con ella muestra a una Teresa muy debilitada.

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