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Ewan McGregor hace suyo al 'Obi-Wan Kenobi' más sombrío en la miniserie de la factoría 'Star Wars'

La franquicia de La guerra de las galaxias es un seguro de vida para Disney. George Lucas creó un universo propio que, lejos de regodearse en el fenómeno cinematográfico de 1977, intenta no dormirse en los laureles con triples saltos mortales y los avanzados efectos especiales del siglo XXI. Sin embargo, para otros, se repite como el ajo. Lo que no admite opiniones encontradas es que Ewan McGregor es más que un digno heredero de Alec Guinness, como se puede comprobar en Obi-Wan Kenobi.

Diez años después del Episodio III: La venganza de los Sith, el Imperio impone su ley y los pocos Jedi que no se pasaron al lado oscuro vagan con la intención de no ser identificados. Obi-Wan Kenobi, el que fuese el poderoso Jedi, ahora deambula por Tatooine convertido en un esclavo. Corta carne durante el día y, por la noche, sueña exclusivamente en flashbacks de los Episodios I-III, en ese desfase cronológico que se ha convertido La guerra de las galaxias. Estas primeras escenas invitan al desaliento del espectador, pero hay que tener paciencia porque dura pocos minutos.

Por fortuna, la serie adquiere su propia identidad cuando, por un acierto del guion, Obi-Wan Kenobi toma otra vez las riendas de su vida. Entonces es hora de soñar porque la producción toma impulso. Kenobi emprende su viaje de redención para retomar su esencia.

La habilidad de esta saga es su facilidad para crear nuevos mundos. Uno de ellos es Daiyu, un planeta cuya referencia visual lleva nuestra imaginación en volandas a Blade Runner (1982).

Obi-Wan Kenobi funciona porque Ewan McGregor ha comprendido al personaje en todas sus dimensiones: desde su supremacía como líder de los Jedi hasta su bajada a los infiernos. La tristeza que destilan sus ojos y el gesto derrotado de su rostro emocionan, tanto como las escenas de acción, que las hay, y que no son un capricho para contentar a los fans. Quizá es la entrega más amarga de la saga. Una evidencia de lo anteriormente escrito es que en esta miniserie no hay mascotas resultonas ni animales de físico improbable que aporten los momentos más cómicos.

Es una posibilidad que Obi-Wan Kenobi gane nuevos adeptos en esta lucha eterna entre el bien y el mal, esos que siguen amarrados sentimentalmente a la primera trilogía con Harrison Ford, Mark Hamill, Carrie Fisher y Alec Guinness y se descolgaron de las posteriores que, en el fondo eran las anteriores.

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