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Isabel Pantoja se despide de la vida terrenal en Chile

"Ya no me queda nada por vivir". Isabel Pantoja soltó esta frase tan lapidaria durante su actuación de este viernes en Chile. Lleno total y éxito como artista, pero fracaso como persona. Su pesimismo, por todos los problemas que le agobian, le pasan demasiada factura, incluso se refleja en su relación con sus fans y con la Prensa, prácticamente inexistente.

Eso le reprochan sus seguidores, que se esconda en su hotel despreciando las muestras de afecto de sus admiradores. Y le achacan buena parte de la culpa a su Rasputín particular, su hermano Agustín, fiel carcelero de la tonadillera. Marca las pautas y los tiempos, es como un muro entre la artista y el resto del mundo. Mal favor le hace con su malsana actitud. La quiere solo para él y su beneficio.

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Pero la relación entre hermanos está cambiando. Dicen que ayer mismo tuvieron una fuerte discusión en el hotel, que los gritos se escuchaban en toda la planta, por lo menos eso contó en Socialité uno de los huéspedes que lo oyó todo.

De problema en problema, deudas con Hacienda, con la quiosquera Loli, desafueros con sus hijos, discusiones con su hermana Isabel vive anclada en la amargura, en la sinrazón, en la angustia y el desasosiego.

Ni los éxitos profesionales de esta semana le calman. Dicen que está harta de todo y de todos, que su intención es vender todas sus propiedades y marcharse a vivir a Buenos Aires o a México. Es hora de tomar rotundas soluciones.

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