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Las obras de José Luis Fajardo 'aterrizan' en la Fundación Carlos de Amberes

La fundación Carlos de Amberes que tiene sus orígenes en 1594, lleva a cabo, desde hace varios años, una interesante actividad bajo la batuta del incansable Miguel Ángel Aguilar. Es una fundación de carácter cultural, privada y sin fines de lucro que, en su sede de Claudio Coello 99 en Madrid, ofrece conciertos, conferencias y exposiciones en sus tres amplias salas que pueden ser utilizadas para estas últimas. 

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En la sala central el imponente cuadro "El Martirio de San Andrés" de Rubens recuerda a los artistas que exponen las exigencias del oficio y al público asistente el motivo por el que algunos pintores son llamados clásicos.

El pasado 10 de marzo se inauguró en esas salas la exposición con las últimas obras de José Luis Fajardo que no había expuesto en la capital desde hacía 10 años. Fajardo es bien consciente de esas exigencias, especialmente para un pintor autodidacta como él, al que su gran bagaje cultural le ha permitido sorber de los clásicos, sobre todo Goya y Velázquez sin perder nunca su original visión de la pintura.

Fajardo-La Laguna 1941- se trasladó joven a Madrid trayendo consigo el espíritu vanguardista de sus teóricos maestros Chirino y Millares. En la capital se mueve en el entorno del grupo El Paso, pero sin pertenecer, ni entonces ni después, a ninguna corriente estética. Su arte empieza a ser reconocido por los trabajos sobre planchas de aluminio, a lo Lucio Fontana, que alisaba y agujereaba mostrando la violencia de su preocupación social.

"Confío en la pintura hermanada históricamente con la libertad", señala el mismo. Pronto se aleja de la abstracción pura para mezclarla con la figuración en sus múltiples retratos imaginarios, algunos de gran tamaño, por los que es reconocido. Ya a finales de los sesenta se ocupan de él en sus artículos grandes nombres del periodismo como Francisco Umbral o Manolo Vicent, críticos de arte; Francisco Calvo Serraller y especialmente el pope de la cultura canaria Eduardo Westerdahl. En las siguientes décadas expone en distintas capitales españolas y en galerías de Europa y América donde numerosos museos adquieren su obra.

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En esta exposición, a través de 50 dibujos y pinturas de diverso tamaño nos muestra la obra realizada principalmente durante el encierro de la pandemia. Lleva al límite la ecléctica mezcla de figuración y abstracción pero, al contrario que en la etapa anterior con dominio de la última, lo que nos obliga a detenernos ante cada obra para observar lo que, al comienzo, solo se intuye, pero termina viéndose claramente. La reconstrucción de la realidad goyesca no se limita a los retratos como el de la Duquesa de Alba sino también, expresando un sentimiento generalizado durante la plaga, al de los garrotazos o al de Saturno devorando a su hijo con algunos cuadros en los que parece como si al duro Goya se impusiera el aún más duro Bacon expresando en palabras de José Hierro, años antes: "una gran emoción pudorosamente velada".

En los pequeños trabajos, que podrían calificarse de ensayos, aparecen la alegría y el color contraponiendo la esperanza a la desesperación y gritando que todavía nos espera un futuro por el que tenemos que luchar. La exposición, de entrada libre y gratuita, está abierta al público de lunes a viernes de 10 a 14, los sábados de 9 a 14 y de 17 a 20 y los domingos y festivos de 11 a 14.

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