Estilo de Vida

'Un tal González', el logro descomunal de pasar en 10 años del golpe a los JJOO

EFE

El joven Sergio del Molino nació un año antes de las famosas elecciones de 1982 en las que Felipe González arrasó al conseguir 202 diputados para el PSOE. Se dio a conocer hace unos años con su libro 'La España vacía'. Él es joven pero su escritura es madura. Asegura en la introducción que "esto no es un libro de historia, ni una biografía de Felipe González, ni una crónica periodística, ni un ensayo político", sino una narración novelada. Resulta, sin embargo, que, sí es todo lo anterior, con el ritmo de una buena novela. Novela sin ficción, un género nuevo cuyo maestro podría ser Antonio Scurati con su magnífica trilogía sobre Mussolini.

Lea también: Un verano de lujo para el turismo

Se equivoca quien quiera ver en el título un tono despectivo. Al contrario, del Molino no oculta su admiración por el personaje que es, para él, el político español más importante del siglo XX. Asegura que solo tuvo la oportunidad de entrevistarle una vez, en la sede de la fundación de su nombre, hace un par de años, por lo que no hay relación personal del autor con el protagonista de su historia.

A lo largo de distintas escenas, con ritmo cinematográfico, el libro nos cuenta una parte de la historia de España entre 1969 y la actualidad. Tan importante como lo que cuenta es cómo lo hace. Es novela en la forma, pero ensayo en el contenido. Su admiración por el tal González no le impide meter el dedo en la llaga cuando lo considera oportuno y no son pocas las oportunidades.

El hilo conductor del relato es una frase que le lanzó Omar Torrijos cuando buscó refugio en Panamá, en una de las ocasiones en que había dimitido de la secretaría general del Partido Socialista -efectivas fueron 3, más otras dos en grado de tentativa-: "Si te afliges ,te aflojan", que le convenció para que volviera al frente de la batalla política.

Sobre Torrijos cuenta el libro una magnifica anécdota: Estaba pasando unos días en su casa de campo con Felipe y otros amigos cuando surgió el asunto de cómo podían convencer a Pinochet para que dejara regresar a Chile a la moribunda hermana de Allende. Después de varias propuestas de cartas, firmas y otras tradicionales, Torrijos les aseguró que él lo arreglaba: pidió que le pusieran por teléfono con el chileno y cuando lo tuvo al otro lado de la línea le espetó: "General, de dictador a dictador tengo que pedirte un favor" que, naturalmente Pinochet le concedió.

El logro descomunal de pasar en 10 años del golpe de Estado a los olímpicos -la que muchos llaman la década prodigiosa- no se emborrona por los evidentes fallos de la última etapa hasta las elecciones de 1996, cuyo resultado González describió muy bien: "Hemos hecho todo lo posible por perder las elecciones y al final lo hemos conseguido".

Felipe es descrito como poco expresivo en privado, no festejó ni su gran victoria en el 82. Con un carácter más cántabro que sevillano, sin afición ni a los toros ni a la Semana Santa ni a la Feria de abril: un abogado tímido y sentimental como le definió el gran periodista de la época, Pepe Oneto. Pero esa timidez se transformaba en carisma cuando intervenía en mítines y en la televisión. El relato incide repetidamente en el carácter del actor principal del mismo.

Desde la foto de la tortilla -en realidad lo que estaban comiendo eran naranjas- hasta los bonsáis de la Moncloa, hay un camino que recorrió con pocos acompañantes, por supuesto Alfonso Guerra, que sí fue amigo personal y no solo político, en opinión de Sergio del Molino y en desacuerdo con otras personas de su círculo cercano; su mujer Carmen Romero y su familia más cercana.

Lea también: Política y alcohol en los países nórdicos: dos centenarios peculiares

El asalto al poder de un partido histórico por parte de un grupo de jóvenes sevillanos, dirigidos por una voluntad férrea y una visión de luces largas es también, como casi siempre, la historia de un cúmulo de casualidades. Deshacerse de Llopis y los "masones" de Toulouse no fue difícil. Acceder en Suresnes a la secretaria general, cuando acababa de dimitir del comité ejecutivo fue posible gracias a la decisión de Nicolás Redondo de centrarse en el sindicato y de un grupo de militantes madrileños que le apoyaron en contra de otros que pretendían tener más méritos.

"Morenito de Bonn", como le definió Cuco Cerecedo en una de sus "crónicas taurinas" cuando todavía era Isidoro, se retiró tras 14 años en la presidencia del Gobierno y 23 como secretario general, como Sr. González, como le llamaba el que sería su sucesor tras el conocido "¡váyase!" Hoy, 40 años después de su victoria y 26 de su temprana retirada con solo 54 años, es el único político español al que para identificarle basta con su nombre de pila.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud