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El abrazo del arte de Chillida y Oteiza, veinte años después

El Museo San Telmo de San Sebastián acoge por primera vez una exposición conjunta de Eduardo Chillida y Jorge Oteiza en su tierra. Foto San Telmo Museoa.

La primera muestra conjunta de los artistas vascos llega a San Sebastián. La exposición zanja un pasado de confrontación y pone en valor el legado de dos figuras clave de la escultura europea del siglo XX.

La muestra 'Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Diálogo en los 50 y 60' reúne por primera vez el trabajo de los dos artistas vascos en su tierra, y pone en valor su obra y su figura en conjunto. Llega a San Sebastián, al Museo San Telmo, hasta el 2 de octubre, tras su estreno en Valencia en noviembre de 2021 de la mano de la Fundación Bancaja. Y reivindica la importancia de lo que fue una productiva amistad durante décadas –antes de convertirse en una mala relación legendaria– y su importancia en la eclosión internacional de los artistas vascos.

La reconciliación del legado de los artistas vascos se produce veinte años después de sus muertes y 25 años después de sellar la paz en un encuentro en Zabalaga que ponía fin a décadas de áspero enfrentamiento.

La propuesta inicial, que partió de la Fundación Bancaja, fue acogida con frialdad. El punto de partida para que el proyecto prosperara era la participación de la Fundación Museo Jorge Oteiza de Alzuza (Navarra) y Chillida Leku, en Hernani (Guipúzcoa), las dos instituciones que gestionan sus legados. Y que la muestra se acotara a la producción artística de los años 50 y 60, cuando Oteiza y Chillida compartían intereses e inquietudes creativas.

Imagen de la exposición conjunta de Chillida y Oteiza.

Un legado conjunto

Fueron décadas en las que, al margen de desarrollar sus respectivas carreras artísticas en paralelo, participaron en proyectos culturales envueltos por el espíritu de la época y mantenían una relación personal. Después llegaron las desavenencias públicas y el enfrentamiento –con una acusación de plagio por parte de Oteiza a Chillida de por medio–. Y después, el mediático abrazo de 1997 en Zabalaga. Pero han tenido que pasar 25 años para que el arte de Chillida y Oteiza retome su diálogo.

La exposición, comisariada por Javier González de Durana, responde a un requisito más: la convivencia de las piezas en un plano de igualdad.

La selección de las obras –121 en total– se ha realizado desde una perspectiva cronológica, desde 1948 y concluye en 1969, con la culminación de la estatuaria del Santuario de Arantzazu por parte de Oteiza y la instalación de la primera gran obra pública de Chillida en Europa ante el edificio parisino de la UNESCO.

Jorge Oteiza y Eduardo Chillida, dos referentes del arte contemporáneo español.

Una muestra que sella la "paz artística"

Las piezas se organizan en nueve secciones siguiendo, junto al orden cronológico, criterios de agrupación por cercanía formal y proximidad conceptual. Y aunque Oteiza firma alguna pieza más, se compensa con el mayor tamaño de las obras de Chillida.

La exposición dedica un espacio central a los trabajos que ambos realizaron para el santuario de Arantzazu, donde dejaron algunas de sus mejores obras de la primera mitad de los años 50, como la estatuaria de Oteiza y las puertas de Chillida, que pueden verse en la exposición tras haber salido por primera vez del enclave religioso guipuzcoano, y después de pasar por la exposición en Valencia.

Ahora, su legado "se abraza" por primera vez en su tierra y sella la paz artística. Aunque, en realidad, ya lo habían hecho, porque en la Bahía de La Concha, el 'Peine de los Vientos' de Chillida y la 'Construcción vacía' de Oteiza, en el Paseo Nuevo, llevan dos décadas "hablando de arte" en un guiño del destino.

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