Isabel II regresa a Sandringham por Navidad aunque sigue con catarro

  • ¿Por qué es tan importante esa casa?

Con catarro o sin él, Isabel de Inglaterra viaja a Sanringham. Para la reina, la Navidad en esa casa es mucho más que una costumbre. Su padre el rey Jorge falleció allí en 1952, mientras ella realizaba un viaje de estado por África con su marido. No es un castillo ni tampoco un palacio. Esta residencia en Norfolk sigue siendo el refugio campestre de cuatro generaciones de reyes. Cualquiera puede visitarlo siempre y cuando no esté su majestad.

Es tal la fidelidad de la soberana a Sandringham, que hace días, cuando se rumoreó que no lo visitarían, saltyaron las alarmas sobre la salud de ambos. Parece ser que los padres del príncipe de Gales sufren fuertes catarros. Sin embargo, este jueves se ha sabido que la Reina y su marido visitarán su destino navideño a pesar de que no se encuentran aún recuperados de sus enfriamientos. Eso sí, viajarán en helicóptero y no en tren como solían hacer.

El 'refugio' de Sandringham es un retiro campestre en Norfolk situado a dos horas en tren de Londres, que está abierto al público durante seis meses al año. Ver sus jardines -diseñados por los propios reyes- y no digamos pasear por ellos da una idea de la querencia de Isabel II y su familia para acudir allí en fechas tan señaladas.

Guillermo, el mayor de los nietos de la soberana, vive al lado junto a Kate Middleton y los niños, durante todo el año, en Anmer Hall, a pocos kilómetros. También el príncipe Carlos de Inglaterra (en la foto oficial de esta Navidad, junto a su madre) y su mujer Camilla la frecuentan. No fallan nunca al célebre Sandringham Flower Show, célebre festival de horticultura. Abajo, Guillermo y Kate Middleton, durante un servicio religioso en  St Mary Magdalene, en 2015, la pequeña iglesia que recibe a la familia real los domingos y en la que los príncipes bautizaron a su hija Charlotte. 

 

La reina Isabel II suele llegar antes de la Navidad, a primeros de mes (aunque este año no ha sido así) y se queda hasta el 6 de febrero, día en que su padre falleció en esa casa en 1952.

La casa es para Isabel sinónimo de evocación, de recuerdos, tal vez como en las otras residencias, como Balmoral o por supuesto Buckinham Palace, pero el hecho de que la última imagen de su padre tenga por marco este lugar, lo convierte, especialmente ahora, en un santuario de la memoria para la Reina que una vez fue princesa.

Emociones aparte, Isabel II tiene allí los puzles con los que jugaba de niña y no tan niña; el piano que tocaba su hermana pequeña, Margarita (fallecida en 2002), muchas fotografías de la familia, y hasta los winchesters con los que cazaron juntos una vez su padre y su marido. Por cierto que en el comedor cuelgan los tapices que nuestro rey Alfonso XII regaló a la familia.

La casa se construyó en 1870 para el futuro rey Eduardo VII y su mujer, la reina Alejandra de Dinamarca que pasaron buena parte de su vida reformando y ampliando las estancias. El abuelo de Isabel, Jorge V, que también falleció allí en 1936, escribió: "Querida Sandringham, el lugar que amo más que ningún otro lugar en el mundo". Jorge VI, el padre de Isabel, también un enamorado de este rincón de Norfolk, dijo: "Siempre he sido feliz aquí".

El New York Times informaba en su portada del fallecimiento del padre de Isabel II en Sandringham

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