Casas Reales

Carlos III no quiere ni oír hablar de abdicación: la estrategia del Rey para acallar rumores

El runrún de la abdicación está ahí. Cuando la reina Isabel II celebró su Jubileo de Platino, en 2022, las encuestas de popularidad reconocían la simpatía y el atractivo social de Guillermo y situaban al royal por delante de su padre, Carlos de Inglaterra. Kate, muy querida, es un puntal en esta imagen positiva, moderna y de nueva era de los Windsor. El sorpaso del entonces príncipe de Cambridge a su padre llegó a colarse en las mesas de debate. La muerte de la monarca, en septiembre de ese año, convirtió a Carlos en Rey de forma automática y el sorpaso desapareció de los titulares. Pero no para siempre. Ahora ha regresado en forma de rumor.

El Rey, de 75 años, recibe un tratamiento de cáncer, del que no ha trascendido su tipología, y su hijo mayor ha tomado las riendas. Por su condición de heredero en la primera línea de sucesión, es lo que le corresponde. Ante los rumores de una renuncia, Carlos decidió salir al paso. Lo hizo a través de un comunicado en sus redes oficiales en el que mostraba su gratitud por el cariño recibido: "Como todos aquellos que se han visto afectados por el cáncer sabrán, las palabras amables son el mayor consuelo y aliento". Y recalcó: "Compartir mi diagnóstico ha ayudado a promover la comprensión pública y dar luz sobre el trabajo de todas las organizaciones que apoyan a los pacientes con cáncer y a sus familias, tanto en Reino Unido como en el mundo".

Solo unas horas después, el pasado domingo 11, el monarca aparecía en Sandringham, camino de la iglesia de Santa María Magdalena. Iba caminando junto a su mujer, Camilla. Con esa fotografía del Rey saludando a los medios, acallaba rumores. Pero estaba en su retiro de Sandringham, donde descansa durante su tratamiento y donde ha montado su cuartel general. Pues bien, el pasado 13 el soberano volvía a dejarse ver. Esta vez, en Londres. El mensaje es claro: está activo y trabajando. Las cámaras le captaron a través de la ventanilla de su coche.

Para mantenerse al día, Carlos cuenta con las famosas red boxes, donde recibe documentación y estampa su rúbrica, tal y como hacía su madre. En esta tarea, dispone del apoyo de su secretario privado, el diplomático Ian Patrick.

Por su parte, Guillermo, de 41, afronta una etapa de mayor protagonismo y responsabilidad en la Casa. Es lo que se ha dado en llamar la regencia suave. El heredero puede refrendar leyes y representar a su progenitor en actos presenciales. Así lo dispone la ley aprobada en el Parlamento sobre los consejeros de Estado. Su peso en la agenda será mayor. Igual que Camilla, cuya representación también es mayor.

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