Casas Reales

El luto de Letizia y el grito desgarrador de Carla Vigo en el aniversario de la muerte de Érika Ortiz

Este martes 7 de febrero, doña Letizia lució en la capital de Angola, que los reyes visitan en viaje oficial, dos modelos distintos. Tanto el de la mañana, en lunares en blanco y negro, como en la recepción oficial de la tarde, falda negra y blusa blanca, las dos vestimentas tenían color de luto. No creemos que sea casualidad.

Este 7 de febrero, hace 17 años que su hermana pequeña, Érika, se quiso ir de esta vida. A los 31 años y dejando a su hija Carla, con solo 6 años. Nunca hemos visto tanto dolor y desolación en Letizia, como el que mostraba la entonces princesa en el funeral de su hermana. Aquella desgarradora muerte dejaba a todos impactados y hasta muchos en la prensa sentimos mala conciencia o cierta culpabilidad, por no haber intuido la fragilidad de Érika ante la fama repentina y la excesiva atención de los medios.

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Carla Vigo Ortiz tiene hoy 22 años y la vida no le sonríe precisamente. No encuentra su sitio en el mundo del teatro, donde ha intentado plasmar su vocación. Ha roto con su novio, después de años de relación. Vive en una residencia, pero no con su padre, Antonio Vigo, que ha creado una nueva familia. Nunca se la ve con sus primas Leonor y Sofía, solo raramente con sus abuelos Paloma Rocasolano y Jesús Ortiz.

Pero no hay duda que todos ellos recuerdan hoy a Érika, con nostalgia y pesar. Carla ha querido demostrarlo en su perfil de Instagram con una foto junto a su padre y un texto conmovedor:

"Ya han pasado 16 años desde tu viaje sin billete de vuelta, aunque cada vez me duele menos, pero cada día de mi vida, lo que más deseo, es que pudieras bajar de donde quiera que estés para darme un último abrazo y para ver la persona en la que me he convertido. Por aquí las cosas han cambiado mucho pero seguimos pensando en ti. Yo estoy pasando por una etapa muy dura pero gracias a esto te entiendo muchísimo mejor. No quiero que te preocupes por mí porque voy a estar bien y en este proceso he conocido a personas maravillosas ,así que no ha sido tan malo", dice la entrañable carta de Carla a su madre muerta.

"Me hubiese gustado disfrutar más contigo pero la vida a veces no es como esperamos. Bueno, Bella Flor, ahora sí que nos despedimos, te voy a querer siempre y aunque ya haya hecho el duelo, nunca te voy a olvidar. Te amo". Y añade un corazón en rojo, a modo de demostración de amor.

El inmenso dolor y aquella imagen de Letizia, embarazada de seis meses de la infanta Sofía

La hermana de doña Letizia tenía 31 años cuando dejó esta vida sola, en un piso de Madrid. Cronistas de la época publicaron que la madre de Carla Vigo nunca se sintió tan guapa, ni tan elegante, ni tan fuerte como las otras hijas de Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano. No consiguió adaptarse a la vida. Tampoco llevó bien la presión mediática cuando, tal vez sin verlo venir, emparentó con la Familia Real y se convirtió en objeto de deseo de los paparazzi.

Su hija Carla lanza este martes un grito a quien lo quiera escuchar y viene a decir que atraviesa un momento similar. A sus 22 años puede que no encuentre su sitio, es objetivo de los paparazzi y confiesa que no está del todo bien. Tal vez haya personas que busquen notoriedad, pero parece que Carla necesita cariño y confunde a veces a quienes aparentan dárselo con quienes quieren dinero o publicidad.

Érika contó con la ayuda de su madre y sobre todo de la entonces Princesa de Asturias, que acudió en su ayuda y se preocupó siempre por ella. Letizia echó una mano a su hermana cuando Érika vivía en casa de Paloma (su madre), con su novio, y con Carla, porque no tenían dinero para pagar el alquiler de un piso.

Cuando se anunció su compromiso con Felipe de Borbón, Letizia cedió su piso de soltera, en Vicálvaro, a su hermana para que residiera allí junto a su novio escultor, Antonio Vigo, y la pequeña Carla.

Erika Ortiz (Oviedo, 1975) tenía, dicen, una sensibilidad colosal. Estudió Bellas Artes con ilusión pero a ella la separación de sus padres le afectó más que a sus hermanas mayores. A Antonio Vigo, con más inquietudes artísticas que dinero, le conoció en la facultad pero su relación relación, aunque estable, fue durante mucho tiempo casi epistolar, al menos desde que  ella le concedieron una beca Erasmus en Alemania.

A su regreso a España se quedó embarazada de Carla, que nació de forma prematura tras un embarazo complicado. Ni Erika ni Antonio tenían trabajo. Erika fracasó junto al padre de su hija en su intento de montar un hotel rural en su tierra asturiana y fue vendedora ambulante de libros, y Antonio Vigo, que no lograba vivir de sus esculturas, trabajó como barrendero en Madrid. Letizia ya era una periodista famosa cuyo rostro se veía a diario en televisión.

Ya con Letizia siendo novia oficial de Felipe, Antonio Vigo se marchó a Uruguay. Erika se quedó y alguien movió hilos para que la contrataran en Globomedia, la productora que por entonces gobernaban Dani Écija y Emilio Aragón, entre otros. Rompió con el padre de su hija y se quedó sola con la niña en la casa de Vicálvaro. Un joven la cortejaba semanas antes de su trágico final.

Es sobrecogedor solo recordar en aquel rostro de doña Letizia el inmenso dolor que no pudo evitar contagiarnos tras conocer la noticia de la muerte de su hermana. Estaba embarazada de seis meses de la que sería la infanta Sofía, su segunda hija.

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