Casas Reales

Victoria Federica y su aventura con la moda, en el origen de la terrible relación que exhiben sus padres

Contábamos el pasado 23 de septiembre que la infanta Elena y su ex marido habían coincidido en el palacio de Liria. Dábamos cuenta en rigurosa primicia de que Jaime de Marichalar y la primogénita de Juan Carlos I habían acudido, por separado, a la fiesta de cumpleaños de Ira de Fürstenberg. La princesa reunió en el palacio de los Alba el pasado jueves 22 de septiembre a familiares, amigos, muchos aristócratas, financieros, importantes empresarios, artistas y diversas personalidades para celebrar su 82 aniversario. Como ya dijimos, Ira había previsto inicialmente celebrar su 80 cumpleaños, una cifra redonda, pero la pandemia y las restricciones han retrasado el evento dos años.

En nuestra crónica dimos a conocer el exquisito menú, o que decenas de invitados tuvieron que volar desde medio mundo para felicitar a la madre de Hubertus de Hohenlohe desde diversos países. Pero titulábamos que la infanta Elena y su ex marido ni se saludaron porque la cuestión es relevante y porque a varias de las personas consultadas, asistentes a la celebración, les pareció "llamativo, desagradable" o incluso "de mal efecto" que dos personas que convivieron muchos años, que tienen dos hijos en común dieran así la nota y, sobre todo, que no hayan sido capaces después de tanto tiempo de llegar al menos a un entente cordiale como el que exhiben con admirable profesionalidad don Juan Carlos y doña Sofía, y eso que las humillaciones del emérito a la reina griega son públicas e innumerables.

Doña Elena no estuvo tanto tiempo como Jaime de Marichalar en Liria. El ex duque sí se quedó a la fiesta posterior al ágape y ella no. Fuentes presentes aquella noche en la residencia del duque de Alba, alquilada para la ocasión por quien ejerció de anfitriona, Ira de Fürstenberg, recuerdan el feo que se hicieron Jaime y Elena. Dos semanas después del acontecimiento social, añaden que la infanta y el padre de sus hijos "hicieron lo imposible por no cruzar ni una mirada ni por supuesto una palabra".

El asunto trae a colación la delicada relación que Jaime de Marichalar mantiene con la mujer de la que se divorció a finales de 2009 tras muchos años de matrimonio y dos hijos en común. Resulta más terrible esta falta de decoro en público si tenemos en cuenta que la infanta Elena lleva toda su vida siendo educada para comportarse impecablemente en actos sociales y su ex marido presume de ser un hombre con mucha clase, amén de su cacareada elegancia y de trabajar durante años para grandes firmas y tras haber ocupado diversos puestos en el imperio del lujo LVMH. Un consejero de Loewe o Fendi, las casas que representa, no puede, o no debe al menos, ser grosero ni con su ex mujer ni con nadie en un acto social de la relevancia del que hablamos.

El próximo 13 de noviembre se cumplen tres lustros desde aquel estrafalario 'cese temporal de la convivencia' conyugal de los duques de Lugo. La gestión mediática del que iba a ser el primer divorcio de un miembro de la monarquía en España fue patética hasta el punto de hacerse chistes y de convertir la desafortunada expresión en parte del lenguaje cotidiano. En su día, el extraño comunicado difundido por la Casa Real supuso, además del punto final a la relación de la infanta y Jaime de Marichalar, el ejemplo del lenguaje palaciego más ridículo. Aquel tipo de lenguaje ha sido recuperado este año, cuando la otra hija de los eméritos tuvo que hacer oficial el final de su relación conyugal (que no de su matrimonio) con Iñaki Urdangarin, después de salir a la luz que el padre de sus cuatro hijos tenía como amante a una compañera de trabajo, hoy ya una novia.

En realidad, Marichalar y Elena de Borbón convivieron como verdadero matrimonio doce años tras casarse el 18 de marzo de 1995 en la Catedral de Sevilla. Cuando decidieron separarse, mucho antes de formalizar su divorcio, Froilán y Victoria tenían nueve y siete años, respectivamente. Al contrario de lo ocurrido recientemente en el caso de los ex duques de Palma, no consta que hubiera terceras personas que se interpusieran entre la mayor de las infantas y su marido. Es más, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, y de lo jóvenes que eran, no se les ha conocido a ninguno de los dos relación alguna, al margen de rumores o escarceos nunca confirmados.

Las razones de aquella ruptura no se han desgranado. La Casa Real decidió guardar en una caja fuerte de grado de seguridad IV, en el Juzgado de Familia número 22 de Madrid, el expediente de divorcio una vez firmado por la infanta Elena y Jaime de Marichalar. El escándalo saltó cuando la revista Época publicó que la infanta Elena podría haber alegado contra Jaime de Marichalar "consumo ocasional de cocaína para justificar la solicitud de nulidad católica", extremo negado por Marichalar, que nunca consiguió ganarle el pleito al semanario.

Ahora nos cuentan que la relación entre doña Elena, como gusta Su Alteza que se dirijan a ella, y Jaime vivieron grandes discrepancias por sus distintas opiniones sobre la educación de sus hijos. Preguntamos al entorno de Froilán y nos dicen que al joven que ocupa nada menos que el cuarto lugar en la línea sucesoria al trono de España, por detrás de su madre, le da "exactamente igual" la relación de sus padres aunque le preocupa que en público "den la nota". El primogénito de la familia, que vive fuera de España ahora, se reparte a los 24 años entre su padre y su madre cuando está en Madrid. De igual modo trata de pasar una parte del verano con doña Elena, sea en Marivent, el País Vasco o Suiza, y otra con su padre, en Sotogrande o Marbella.

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Pero, ¿qué pasa con Victoria Federica? La hija influencer de Marichalar y Elena no tiene a sus padres especialmente contentos. Pero ella tampoco está preocupada por cómo se llevan. Otra cosa es que las discrepancias sobre cómo frenar la efervescencia mediática de la joven hayan hecho mella en doña Elena y su ex marido. La madre detesta la excesiva exposición de su hija, aunque no lo diga para no atizar aún más las polémicas, mientras que a su padre lo que le molesta es que Victoria Federica baje el nivel de las marcas y se haya hecho imagen de Hoss Intropia, una marca muy por debajo del lujo que buscaba Marichalar para lanzar la carrera de su hija en el mundo de la moda. "Una maison como Dior o Fendi le habría convenido más", nos comenta una amiga que piensa como el ex duque de Lugo.

Victoria Federica, como su hermano, duerme tanto en casa de su padre como de su madre, eso cuando duerme con sus progenitores. Ahora la hemos visto con su padre en la Semana de la Moda de París. Nos cuentan que su padre no está de acuerdo con que continúe promocionando marcas que él considera "inapropiadas" para su hija. Para colmo, tal y como se ha publicado, las malas formas y la fama de déspota de Vic parece que han generado rechazo contra esa casa, que encima ha pagado un dineral por tenerla como imagen. En la presentación de este miércoles no admitió prensa. Por cierto, ni rastro de su padre ni de su madre para apoyar a su hija en esta aventura profesional.

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