Casas Reales

El desprecio del millonario pedófilo Jeffrey Epstein al príncipe Andrés al que llamaba "tonto útil"

Salen a la luz revelaciones del millonario Epstein, que murió en una celda en la cárcel de Nueva York en 2019, mientras cumplía condena por pederastia y por tráfico sexual de menores. Su oscura amistad con el duque de York se ha convertido en la pesadilla no solo para el propio Andrés, también para su familia y para la propia Isabel II.

La escritora Tina Brown, que prepara el lanzamiento de su libro The palace papers (Los papeles de palacio) para el 26 de abril, asegura que para el magnate pedófilo el duque era "un tonto útil". Según Brown, el norteamericano hablaba de Andrés y de las ventajas que le reportaba tenerlo cerca por sus conexiones para acceder a mercados extranjeros, donde poder hacer dinero. Unos contactos que además podían abrirle puertas. Hablaba de él, a sus espaldas, como "el royal, que incluso siendo corrupto, era como un potente imán en el extranjero", escribe la autora, según recoge The Telegraph.

La escritora, ex directora de Vanity Fair en los años 90 y de Daily Beast hasta 2013, escribe que el financiero y depredador sexual Epstein logró que Andrew "se sintiera importante", más allá de su título de alteza real, gracias a las fiestas de Nueva York, las chicas, los viajes en avión privados... Brown describe al repudiado duque de York como un adolescente "obseso sexual", que en 1993, en una visita a California invitado por el embajador americano en Reino Unido, Walter Annenberg, y su mujer, se pasó dos días consumiendo películas porno por TV por cable.

La reputación y la imagen social de Andrés está por los suelos, después del acuerdo millonario extrajudicial que firmó con Virginia Giuffre, la mujer que le había demandado por abusos sexuales cuando ella era una menor. Las dos partes firmaban así un polémico trato, mediante el cual Andrés hacía un donativo de 14 millones de euros a Giuffre, con el que evitaba sentarse en el banquillo.

Sin descrédito y sin títulos, la última vuelta de tuerca del príncipe ha sido verlo caminar del brazo de su madre en el funeral del duque de Edimburgo el pasado 29 de marzo. Invisible y vetado en actos oficiales, el príncipe recuperó un espacio público que había perdido. Fue el mensaje conciliador y de perdón que la reina enviaba al mundo. Isabel II levantaba así el cordón sanitario a su hijo, concediéndole ese día un protagonismo que le habría correspondido a Carlos, por su condición de heredero al trono.

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