Casas Reales

Isabel II, tres décadas después del Annus Horribilis: su amor por Felipe y su entrega a la familia

La Reina más longeva de la historia celebra el Jubileo de Platino. Es también su primer aniversario en el Trono sin su marido. 2021 fue para ella un año de duelo por la pérdida de Felipe de Edimburgo, su compañero de vida durante 73 años.

En su último Mensaje de Navidad, vestida de rojo, un color que transmite pasión, energía y resistencia, recordó así a Felipe: "La vida está hecha tanto de despedidas finales como de primeros encuentros".

Isabel y Felipe de Edimburgo estaban muy enamorados cuando se casaron. Fue el 20 de noviembre de 1947, en la abadía de Westminster, en una ceremonia emitida por televisión por primera en la historia. La novia sonría feliz y radiante con un vestido nucpial de seda de Norman Hartnell, con incrustaciones de cristales y adornado con diez mil perlas.

El matrimonio tuvo cuatro hijos: Ana, Carlos, Andrés y Eduardo. Durante la infancia de los niños, Felipe se volcó en ellos, en sus juegos y en sus tareas. Según los medios, Ana estaba muy unida a su padre. El duque mantuvo con Carlos una difícil relación paternofilial: el carácter pragmático y estoico de Felipe chocaba con la sensibilidad del joven heredero. Por un decreto, la Reina estableció que sus hijos adoptasen el apellido de su madre, Windsor, en lugar de Mountbatten. Una decisión que sumió a Felipe en una profunda frustración.

Isabel, su marido y sus hijos Carlos y Ana

En su trayectoria en el Trono hay un año que ocupó las portadas de los periódicos del mundo y que, para mayor fatalidad, coincidió con su 40º aniversario en Buckingham: 1992, "el annus horribilis" de la monarquía británica. Fueron las palabras que Isabel II empleó en su dircurso para resumir esos meses.

"1992 no es un año que recordaré con agrado. Ha resultado ser un 'Annus Horribilis'. Creo que no soy el única que lo piensa así". La Monarca pronunció esta frase histórica en alusión a unos meses de crisis familiar, con los divorcios de sus hijos, Ana, del capitán Mark Phillips; y Andrés, de Sarah Ferguson. Además, el matrimonio de Carlos y Diana de Gales estaba al límite. Y para rematar, se produce un incendio en Windsor.

Carlos y Diana, con la Reina en una imagen de 1987

Las fotos de la duquesa de York, en una hamaca de piscina, besando los pies de su amigo John Bryan solo fueron el comienzo de las desdichas. La prensa también confirmó, a través de las grabaciones de conversaciones telefónicas, la crisis entre Diana y Carlos, que fue bautizada como el Camillagate (por el romance del príncipe y Camilla Parker-Bowles).

Un tiempo después, en 1995, estallaba la ruptura del heredero y Diana, atormentada por el amor de su marido con Camilla. "En mi matrimonio éramos tres", sentenció la madre de Guillermo y Harry en la famosa y criticada entrevista a la BBC. La princesa recordaba su boda, en 1982, con Carlos como "el peor día" de su vida; camino del altar, reveló que se sentía "como un cordero rumbo al matadero". 700 millones de espectadores siguieron la retransmisión mundial por TV (foto inferior).

Ante estas implacables revelaciones de su nuera, la Reina claudicó en su lucha perdida por mantener unido un matrimonio, que comenzó ya debilitado y abocado al fracaso. Entonces accedió al divorcio. Poco después, el 31 de agosto de 1997, Diana moría en un trágico accidente de coche en París, dejando huérfanos de madre a Guillermo y Harry.

Se rompe la cultura del silencio de Buckingham

El fallecimiento de la princesa conmocionó a Reino Unido, que clamó por rendirle un funeral de Estado en su memoria. Fueron los días más difíciles para una Isabel II alérgica a mostrar emociones en público. La cultura del silencio de Buckingham se vino abajo y al final, tuvo que pronunciar un discurso, el primero que dio en directo en su vida, y lo hizo como madre y como abuela, no como monarca.

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